El Puerto de Los Ángeles se ha convertido en el escenario de una de las apuestas más innovadoras en energías limpias: transformar la fuerza de las olas en electricidad. Sobre el rompeolas se han instalado flotadores que suben y bajan al ritmo del mar, impulsando un sistema hidráulico que convierte ese movimiento en energía.
La iniciativa está a cargo de la startup israelí Eco Wave Power, que plantea que esta tecnología puede ser clave para reducir la dependencia de combustibles fósiles en un estado que busca alcanzar la neutralidad de carbono en 2045.
Los flotadores, con forma similar a teclas de piano, transmiten la presión del agua a pistones hidráulicos que empujan un fluido biodegradable hacia acumuladores. Esa presión mueve una turbina que genera electricidad limpia, sin emisiones y con bajo impacto ambiental.
Si el proyecto piloto convence a las autoridades locales, la empresa espera cubrir la totalidad de los 13 kilómetros del rompeolas del puerto. En conjunto, cientos de módulos podrían generar energía suficiente para abastecer a más de 60.000 hogares estadounidenses.
Los defensores de la tecnología recuerdan que, a diferencia de la energía solar o la eólica, el océano nunca se detiene. Las olas ofrecen un suministro constante y predecible, lo que convierte a la energía undimotriz en una fuente renovable altamente fiable.
El Departamento de Energía de Estados Unidos estima que la costa oeste del país tiene potencial para abastecer a 130 millones de hogares. Sin embargo, el desarrollo comercial de esta energía ha enfrentado grandes obstáculos técnicos y económicos en las últimas décadas.
Los intentos previos, en su mayoría, apostaron por instalaciones en mar abierto. Allí los equipos resultaban costosos de mantener y vulnerables a las tormentas, lo que llevó al fracaso de numerosos proyectos. Eco Wave Power busca diferenciarse al instalar sus flotadores en estructuras portuarias ya existentes.
El diseño también incorpora un sistema de seguridad: cuando el oleaje es excesivo, los flotadores se elevan y quedan fuera de peligro, evitando daños en las piezas críticas. Esta sencillez reduce costos de mantenimiento y aumenta la durabilidad del sistema.
La compañía ya opera proyectos piloto en Israel y se prepara para expandirse a Portugal, Taiwán e India. Su visión es alcanzar instalaciones de hasta 20 megavatios, con precios competitivos frente a la energía eólica y capacidad de integración en redes eléctricas locales.
California, uno de los estados más ambiciosos en la lucha contra el cambio climático, observa con interés este desarrollo. Para sus promotores, el mar puede ser un aliado fundamental en la transición energética en un momento de creciente demanda eléctrica por la inteligencia artificial y los centros de datos.