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Pequeños, sigilosos y letales: los murciélagos que cazan como grandes felinos

Investigadores de la Universidad de Aarhus descubren que ciertos murciélagos carnívoros cazan como grandes felinos, esperan, escuchan y atacan con una eficacia sorprendente

Autor - Aldo Venuta Rodríguez

4 min lectura

Murciélago de labios con flecos sobre una rana en una hoja
Un murciélago de labios con flecos (Trachops cirrhosus) vuela sobre una rana posada en una hoja junto a un estanque. Créditos: Grant Maslowski.

En los bosques de Panamá, un pequeño murciélago carnívoro desafía las leyes de la biología. Pese a su tamaño diminuto, este depredador nocturno utiliza una estrategia de caza tan precisa y calculada como la de un león. Su nombre es Trachops cirrhosus, conocido como el murciélago de labios con flecos, y su forma de cazar está redefiniendo lo que sabemos sobre los cazadores pequeños.

El hallazgo proviene de un estudio internacional liderado por la Universidad de Aarhus y el Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales. Los científicos equiparon a veinte murciélagos con diminutos registradores biológicos que captaban cada movimiento y sonido durante sus incursiones nocturnas. Lo que descubrieron fue tan asombroso como inesperado, estos animales cazan presas grandes con una eficiencia que supera incluso la de los grandes felinos.

Una estrategia de caza digna de un león

El equipo registró que los murciélagos pasaban el 89 % del tiempo inmóviles, colgados en ramas o troncos, atentos a los sonidos de sus presas. En cuanto detectaban el canto de una rana o el roce de un pequeño mamífero, emprendían un vuelo rápido y certero que duraba apenas unos segundos. La mayoría de las cacerías terminaban con éxito en menos de tres minutos.

En proporción, estos pequeños cazadores resultan más eficientes que muchos grandes mamíferos. Mientras los leones solo logran capturar a sus presas en torno al 14 % de los intentos, los murciélagos de labios con flecos alcanzan una tasa cercana al 50 %. Todo ello, con un gasto energético mínimo.

Cada murciélago puede llegar a consumir presas que pesan hasta un tercio de su propio cuerpo, un logro extraordinario para un animal de apenas treinta gramos.

Grandes depredadores atrapados en cuerpos pequeños

“Fue increíble descubrir que estos murciélagos cazan como grandes depredadores atrapados en cuerpos diminutos”, comentó Leonie Baier, autora principal del estudio. Su investigación demuestra que estos animales combinan el oído, la ecolocalización y la vista para detectar a sus víctimas con precisión quirúrgica. Además, alternan momentos de quietud con breves ataques que maximizan su éxito.

El secreto está en su capacidad auditiva. Estos murciélagos pueden detectar frecuencias bajas y reconocer los cantos específicos de las ranas, lo que les permite distinguir entre presas potenciales y sonidos del entorno. Gracias a ello, cazan con una exactitud que pocos depredadores terrestres igualan.

Durante el estudio, los científicos grabaron secuencias de masticación que duraban hasta ochenta minutos, lo que indica el tamaño considerable de las presas capturadas.

Una paradoja biológica en el reino animal

Los pequeños depredadores suelen cazar presas fáciles y abundantes para compensar su alto metabolismo. Pero este murciélago rompe las reglas, elige presas grandes y escasas, y aún así logra sobrevivir gracias a su método de espera y ahorro energético. Su comportamiento cuestiona la idea de que solo los grandes carnívoros pueden permitirse la caza de alto riesgo.

La clave, según los investigadores, es la eficiencia. Al minimizar los movimientos y aprovechar sus sentidos al máximo, los murciélagos reducen el gasto energético y aumentan sus probabilidades de éxito, algo que los convierte en verdaderos maestros del equilibrio biológico.

Aprendizaje, experiencia y memoria

El estudio también muestra que los murciélagos más viejos cazan mejor. Con el tiempo, perfeccionan su técnica, aprenden a reconocer los cantos más rentables y pueden atrapar presas más grandes. Algunos incluso recuerdan sonidos específicos durante años, lo que sugiere una memoria auditiva avanzada poco común en animales tan pequeños.

Laura Stidsholt, coautora del estudio, explicó que al analizar los sonidos y movimientos registrados, pudieron “ver el bosque a través de los oídos de los murciélagos”. Esa combinación de tecnología y observación permitió reconstruir una visión inédita de la caza nocturna, un mundo invisible de paciencia, precisión y supervivencia en la oscuridad.

El hallazgo redefine lo que entendemos por inteligencia y estrategia en el reino animal. En el silencio del bosque tropical, estos pequeños cazadores demuestran que la fuerza no siempre gana, a veces, la paciencia y el oído más fino son suficientes para dominar la noche.

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