Durante meses, Hamás llamó a Donald Trump racista, imprevisible y peligroso. Sin embargo, una serie de llamadas telefónicas y maniobras diplomáticas cambiaron su percepción del presidente estadounidense. En el último acuerdo de alto el fuego, el grupo palestino decidió liberar a los rehenes sin obtener garantías escritas, confiando únicamente en la palabra del mandatario republicano.
La decisión se fraguó tras una llamada inusual en septiembre, cuando Trump pidió al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, disculparse con el emir de Qatar por un ataque israelí que casi alcanza a líderes de Hamás en Doha. Ese gesto, según varios funcionarios palestinos citados por Reuters, demostró que Trump era capaz de desafiar a Israel y actuar como árbitro real en la guerra.
Desde entonces, la influencia personal de Trump ha sido determinante. En las conversaciones de Sharm el-Sheikh, en Egipto, intervino por teléfono tres veces mientras sus asesores Jared Kushner y Steve Witkoff se movían entre delegaciones israelíes y cataríes. Para Hamás, esa implicación directa fue la señal de que el presidente no dejaría caer el acuerdo.
El movimiento islamista firmó el cese del fuego el miércoles, sin una retirada total de Israel, pero con el compromiso verbal de Washington de evitar una reanudación inmediata de la ofensiva. Fuentes del grupo reconocen que es una apuesta arriesgada, si Israel vuelve a atacar una vez liberados los rehenes, la confianza en Trump se derrumbaría.
En su entorno, el expresidente se presenta como el único capaz de contener a Netanyahu y de influir sobre los estados del Golfo. Su gestión del incidente en Qatar y del alto el fuego previo entre Israel e Irán reforzó la idea de que podía frenar una escalada regional. “Aunque sea teatral, cumple lo que promete”, reconoció un funcionario de Hamás a Reuters.
Pero la apuesta también revela la desesperación de un grupo debilitado. Hamás busca conservar legitimidad política y romper su aislamiento internacional mientras Gaza intenta recuperarse de meses de asedio. Si Trump logra mantener la tregua, su figura podría redefinir el equilibrio de poder en Oriente Medio. Si falla, Hamás habrá perdido su última carta.