Durante décadas, Estados Unidos fue sinónimo de potencia agrícola. Sus campos de maíz, soja y algodón abastecían al mundo y mantenían un superávit comercial constante. Pero ese equilibrio se ha roto. Las importaciones agrícolas ahora superan a las exportaciones, y los expertos advierten que el déficit seguirá creciendo en los próximos años.
Según un nuevo estudio de la Universidad de Illinois y la Universidad Tecnológica de Texas, el déficit agrícola podría alcanzar los 49 mil millones de dólares a finales de 2025. Los autores, William Ridley y Stephen Devadoss, analizan cómo los conflictos comerciales, la competencia internacional y la falta de inversión en investigación han alterado el panorama.
El punto de inflexión llegó con la guerra comercial entre Estados Unidos y China. Cuando Washington impuso aranceles a productos chinos, Pekín respondió con medidas equivalentes que golpearon directamente al corazón del sector agrícola estadounidense: la soja, el maíz, el trigo y el algodón.
Solo entre 2017 y 2018, las exportaciones de soja a China cayeron un 73 %, las de trigo un 67 % y las de maíz un 61 %. El valor total de las pérdidas superó los 14 mil millones de dólares. Aunque el acuerdo comercial de “Fase Uno” en 2020 dio un respiro momentáneo, China volvió pronto a reducir las compras y a diversificar proveedores.
Brasil aprovechó la oportunidad. En menos de una década, su producción de soja creció hasta superar ampliamente a la estadounidense gracias a la expansión de tierras agrícolas y mejoras logísticas. Hoy, el país sudamericano lidera el mercado global de soja y disputa otros cultivos clave como el maíz y el algodón.
Mientras tanto, Canadá y Australia reforzaron su posición en trigo, y Ucrania, pese a la guerra, continúa exportando grandes volúmenes de grano. El dominio de Estados Unidos en los mercados internacionales de alimentos ya no es incuestionable.
El estudio también señala factores internos: menos financiación pública para investigación agrícola, menor inversión en infraestructura de transporte y una falta de políticas de largo plazo para sostener la productividad. Todo esto ha mermado la ventaja comparativa que el país mantenía desde mediados del siglo XX.
Aun así, los economistas ven una salida posible. Nuevos acuerdos comerciales bilaterales y más apoyo a la innovación podrían estabilizar el sector. “Recuperar el liderazgo agrícola no será inmediato, pero ampliar mercados y fortalecer la ciencia agrícola es el camino”, concluye Ridley.