Hermanos de Italia acaba de presentar en la Cámara de los Diputados un proyecto para prohibir el burka y el niqab en espacios públicos. El partido de Giorgia Meloni no se queda ahí. También quiere endurecer las penas por matrimonios forzados y meter más control sobre cómo se financia a las mezquitas.
Según el texto, queda prohibido cubrir el rostro en lugares públicos, escuelas, universidades, oficinas, comercios. Las multas arrancan en 300 euros y pueden llegar a 3.000.
Sara Kelany, la diputada detrás del proyecto junto con Galeazzo Bignami y Andrea Delmastro, lo plantea así: busca "contrarrestar la creación de contrasociedades en las que se aplica la sharia y no el orden jurídico italiano".
Un proyecto que divide el debate político
Meloni vende la propuesta como parte de su apuesta por la seguridad y la identidad nacional. Sus socios de la Liga ya habían intentado cosas parecidas. Nunca cuajaron.
Pero hay más que el tema del velo. Las donaciones que lleguen del extranjero para lugares de culto tendrán que pasar por el Ministerio del Interior. Quieren transparencia y cortar con organizaciones o países que actúen contra la ley italiana.
Y hay un cambio gordo en el Código Penal. Forzar a alguien a casarse con amenazas, violencia o presión religiosa puede costar de cuatro a diez años de prisión. Da igual si el matrimonio es en Italia o fuera.
Desde el Gobierno dicen que protegen a las mujeres y refuerzan la seguridad. Desde la oposición y asociaciones civiles advierten que esto puede terminar en discriminación y recorte de libertades.
Una ley con antecedentes y vacíos legales
Italia no tiene una norma específica contra el velo islámico, aunque sí existe la Ley 152 de 1975. Esa ley ya prohíbe prendas que impidan reconocer a las personas en espacios públicos. Se ha usado como base para algunas restricciones, pero siempre de forma parcial y sin regulación clara.
Este proyecto quiere llenar ese hueco. Establecer reglas nacionales. El debate parlamentario va a estar caliente y pondrá otra vez sobre la mesa lo mismo de siempre: cómo hacer para que convivan seguridad, libertad religiosa y tradiciones culturales.
Lo que hace Meloni no es nuevo en Europa. Es un debate que está en varios países: hasta dónde llega el Estado cuando se mete con expresiones religiosas en el espacio público. Italia se mete de lleno otra vez en ese lío.