Las estadísticas muestran un patrón constante, en la mayoría de países del mundo, las mujeres viven más que los hombres. Este fenómeno, presente incluso en épocas con poca medicina, no es solo una cuestión de hábitos, sino de raíces biológicas profundas.
Un estudio del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva analizó más de mil especies de aves y mamíferos. Sus resultados apuntan a que la genética, la selección sexual y el cuidado parental marcan la diferencia en la longevidad.
La ventaja genética de las hembras en los mamíferos
En los mamíferos, las hembras suelen vivir más tiempo porque cuentan con dos cromosomas X. Si uno tiene una mutación dañina, el otro actúa como respaldo. Los machos, en cambio, solo tienen un X y un Y, lo que los hace más vulnerables.
En especies como gorilas o babuinos, esta diferencia es clara, ellas sobreviven en promedio un 12 % más. En humanos, la tendencia se repite y explica parte de la brecha de esperanza de vida.
Cuando los machos viven más: el caso de las aves
En el mundo de las aves ocurre lo contrario. Ellas son el sexo heterogamético (ZW) y los machos (ZZ) tienden a vivir más. En promedio, los machos superan en un 5 % la longevidad de las hembras.
Sin embargo, hay excepciones. En muchas aves rapaces, las hembras son más grandes y más longevas, lo que muestra que los cromosomas no son la única explicación.
Esto demuestra que la biología evolutiva se cruza con factores de comportamiento y estrategia reproductiva.
Selección sexual y estrategias de reproducción
La competencia entre machos acorta vidas. En especies polígamas, donde los machos luchan por aparearse, el estrés y las heridas terminan pasando factura. En especies monógamas, donde la competencia es menor, las diferencias de longevidad se reducen.
El cuidado parental también juega un papel clave. En mamíferos, las hembras suelen invertir más en la crianza, y sobrevivir más tiempo les da ventaja evolutiva para asegurar la independencia de sus crías.
Factores ambientales y humanos
Los investigadores compararon poblaciones silvestres con animales de zoológicos. Incluso en entornos protegidos, las diferencias entre machos y hembras persistieron, lo que indica que el fenómeno está profundamente arraigado en la evolución.
En humanos, la medicina y las mejores condiciones de vida han reducido la brecha, pero no la han borrado. En prácticamente todos los países, las mujeres siguen viviendo más, una señal de que la explicación va más allá del entorno.