Eric Schmidt, quien dirigió Google durante una década, volvió a encender la polémica con sus comentarios sobre el teletrabajo. En el podcast All-In, el ex CEO aseguró que el modelo flexible adoptado en Silicon Valley debilita la competitividad de las grandes tecnológicas frente a China.
“Si quieres ganar, tendrás que hacer concesiones”. Con esa frase Schmidt dejó claro que, en su opinión, el equilibrio entre vida personal y trabajo no es compatible con una industria que se mueve a toda velocidad.
El ex CEO comparó la cultura laboral estadounidense con el llamado modelo 996 de China: jornadas de 9 de la mañana a 9 de la noche, seis días por semana. Aunque oficialmente fue prohibido en 2021, Schmidt afirmó que sigue vigente en la práctica y que ese ritmo es uno de los motores de la competitividad china.
“Los chinos han aclarado que esto es ilegal. Sin embargo, todos lo hacen. Eso es contra lo que estás compitiendo”, dijo Schmidt. Para él, esa ética de trabajo, aunque cuestionada por organismos internacionales, representa una ventaja clara en la carrera tecnológica.
El ejecutivo también recordó su experiencia en Sun Microsystems. Contó que gran parte de lo que aprendió no fue en reuniones ni en documentos, sino “en los pasillos, escuchando conversaciones”. Ese tipo de roce cotidiano, asegura, desaparece con el teletrabajo y deja a los jóvenes sin una escuela práctica para crecer profesionalmente.
Sus críticas tampoco se limitaron al trabajo remoto. Schmidt acusó a Google, su antigua compañía, de haber priorizado la conciliación y el teletrabajo por encima de la ambición de liderar la inteligencia artificial. A su juicio, esa fue una de las razones por las que rivales como OpenAI o Anthropic avanzaron con más rapidez.
La visión de Schmidt no es nueva. Ya en 2024 había provocado controversia en Stanford con declaraciones similares que terminaron siendo retiradas. Aunque más tarde pidió disculpas, su mensaje de fondo sigue intacto: sin sacrificios, Estados Unidos corre el riesgo de perder la carrera tecnológica.
El debate sigue abierto. Para algunos, sus palabras son una advertencia realista sobre la presión internacional. Para otros, en cambio, no son más que una defensa del exceso laboral que pasa por alto los derechos básicos de los empleados. Lo cierto es que el choque cultural entre Silicon Valley y Pekín marca hoy dos maneras opuestas de imaginar el futuro de la innovación.