La Unión Europea ha reducido drásticamente su dependencia del gas ruso y alcanzado un récord en energías renovables, según el informe “State of the Energy Union 2025” presentado por la Comisión Europea. El documento confirma que las importaciones de gas natural procedentes de Rusia cayeron del 45% en 2021 a solo el 12% en agosto de 2025, marcando un hito en la independencia energética europea.
Las compras de petróleo ruso también descendieron de forma notable, pasando del 27% a apenas el 3%. Para Bruselas, este cambio representa una transformación estructural en el modelo energético del continente, impulsada por la diversificación de proveedores, la mejora de la eficiencia y el crecimiento sostenido de las energías limpias.
En 2024, las fuentes renovables representaron el 47% del mix eléctrico europeo, con 77 gigavatios de nueva capacidad instalada, principalmente solar y eólica. El informe destaca que, pese a los avances, la UE aún necesita aumentar la inversión en redes eléctricas y eficiencia energética para cumplir los objetivos de reducción de emisiones fijados para 2030.
Nuevos desafíos en la transición energética
El informe identifica tres grandes retos para la próxima fase de la transición verde europea: la modernización de infraestructuras, la financiación y la agilización de permisos para nuevos proyectos. Se estima que la UE deberá invertir más de 660.000 millones de euros anuales entre 2026 y 2030 para renovar su red eléctrica y acelerar la electrificación de la economía.
Además, la Comisión Europea advierte que la eficiencia energética avanza más lento de lo previsto: solo se proyecta una reducción del 8,1% en el consumo final para 2030, por debajo del objetivo del 11,7%.
Teresa Ribera, vicepresidenta ejecutiva para una Transición Limpia, Justa y Competitiva, afirmó que “Europa está demostrando que competitividad, innovación y acción climática pueden avanzar de la mano, pero debemos mantener la ambición y acelerar el ritmo de inversión”.
Hacia una Europa más verde y digital
El informe también plantea las líneas estratégicas hacia 2040 y 2050: aumentar la electrificación del consumo final hasta el 50%, impulsar la digitalización y el uso de inteligencia artificial para optimizar redes, y fomentar la participación ciudadana mediante comunidades energéticas.
Con este nuevo escenario, la Unión Europea consolida su liderazgo en la transición energética global. El recorte del gas ruso y el crecimiento de las renovables no solo fortalecen su seguridad energética, sino que también redefinen su papel como modelo de sostenibilidad en el contexto internacional.