Las selvas tropicales del norte de Australia, consideradas durante décadas uno de los principales pulmones del planeta, han cambiado de función: ya no absorben carbono, sino que lo liberan. Así lo indica una investigación internacional liderada por la Universidad Nacional Australiana (ANU), que advierte sobre un punto de inflexión en la estabilidad climática del país.
El estudio, publicado en la revista Nature, muestra que la biomasa leñosa —troncos, ramas y raíces— de estas selvas ha pasado a emitir más dióxido de carbono del que captura. Esta inversión del balance de carbono convierte a los trópicos húmedos australianos en los primeros del mundo en mostrar este tipo de respuesta al cambio climático.
Los científicos señalan que el aumento de la temperatura, la sequedad del aire y las prolongadas sequías son los factores principales detrás de este cambio. Estos fenómenos reducen la capacidad de los árboles para crecer y almacenar carbono, al mismo tiempo que aumentan la mortalidad forestal y los incendios.
“Los bosques tropicales se encuentran entre los ecosistemas más ricos en carbono del planeta. Dependemos de ellos más de lo que la mayoría de la gente cree”, explicó la doctora Hannah Carle, investigadora de la Universidad de Western Sydney y autora principal del estudio. “Nuestro trabajo demuestra que su papel como sumideros de carbono está amenazado”.
El cambio detectado resulta preocupante porque rompe con una de las funciones más importantes de los bosques tropicales: absorber parte del CO₂ que la humanidad libera al quemar combustibles fósiles. Si estos ecosistemas comienzan a emitir carbono, podrían acelerar el calentamiento global en lugar de frenarlo.
Los investigadores también identificaron un impacto creciente de los ciclones tropicales, que dañan la biomasa leñosa y reducen la capacidad de los árboles para regenerarse. Se prevé que estos eventos se vuelvan más frecuentes e intensos en las próximas décadas, lo que agravaría aún más la situación.
“El aumento de las pérdidas de carbono a la atmósfera no se ha visto compensado por un mayor crecimiento de los árboles, como algunos modelos sugerían”, añadió Carle. “Esto significa que los bosques tropicales podrían estar más cerca de su límite de resiliencia de lo que pensábamos”.
El hallazgo pone en duda algunos de los modelos de reducción de emisiones que asumen que los bosques continuarán absorbiendo grandes cantidades de CO₂ en el futuro. Según los autores, los planes internacionales de mitigación deberían actualizarse para reflejar esta nueva realidad.
La profesora Adrienne Nicotra, coautora del estudio, destacó que las mediciones en la selva australiana son las más largas y detalladas del mundo. “Tenemos datos que cubren varias décadas. Si los escuchamos, podremos entender cómo los ecosistemas responden realmente al cambio climático y quizás evitar consecuencias irreversibles”.