Una investigación del Centro de Regulación Genómica (CRG) en Barcelona ha revelado cómo el coral mediterráneo Oculina patagonica logra adaptarse al aumento de las temperaturas marinas. Su secreto radica en una inusual flexibilidad alimentaria que le permite sobrevivir incluso cuando pierde las algas simbióticas de las que depende la mayoría de los corales.
El estudio, publicado en la revista Nature, demuestra que esta especie puede alternar entre la obtención de energía a través de la fotosíntesis y la captura de partículas orgánicas del agua, una habilidad conocida como “alimentación dual”. Esta estrategia le otorga una notable ventaja frente al calentamiento del Mediterráneo.
Una adaptación genética que rompe con lo conocido sobre los corales
Mediante secuenciación genómica y análisis celular, los investigadores identificaron los mecanismos que permiten a Oculina activar distintos programas metabólicos según las condiciones del entorno. Cuando hay algas presentes, sus células almacenan lípidos provenientes de la fotosíntesis, que actúan como reservas de energía estable.
En ausencia de algas, el coral intensifica su capacidad digestiva, desarrollando más células glandulares y potenciando las inmunitarias, lo que le permite alimentarse directamente del plancton. Esta flexibilidad metabólica es poco común entre los corales pétreos, que normalmente dependen casi por completo de sus simbiontes.
Los investigadores sostienen que esta habilidad podría ser heredada de un ancestro común de los corales modernos, lo que sugiere que la heterotrofia —alimentarse de partículas externas— no es un rasgo nuevo, sino una capacidad evolutiva que algunas especies lograron conservar.
Una señal de esperanza para los ecosistemas del Mediterráneo
El equipo del CRG considera que la historia de Oculina representa una valiosa lección sobre resiliencia biológica. A diferencia de los corales tropicales, que suelen morir tras el blanqueamiento, esta especie puede recuperarse cuando las aguas se enfrían y restablecer su relación con las algas simbióticas.
Su capacidad de sobrevivir tanto en aguas poco profundas como a 40 metros de profundidad la convierte en un modelo ideal para estudiar cómo la vida marina puede adaptarse a entornos cada vez más cálidos y turbios por la actividad humana.
Sin embargo, los científicos advierten que Oculina no sustituye a los grandes constructores de arrecifes. Aunque su flexibilidad ofrece esperanza, la pérdida masiva de corales sigue siendo un riesgo global.