En 2023, Panamá pasó por una de las sequías más brutales de su historia. El lago Gatún, de donde sale el agua para las esclusas del Canal, llegó a niveles críticos. Tan críticos que tuvieron que recortar el tránsito marítimo un 30%. Un estudio reciente dice algo peor, esto podría dejar de ser excepcional y volverse lo normal antes de que acabe el siglo.
El trabajo lo publicó la Unión Geofísica Americana. Lo hizo un equipo que lideró Samuel Muñoz, investigador de la Universidad Northeastern. Analizaron cómo diferentes escenarios de emisiones de gases invernadero van a afectar el equilibrio del agua en el país durante las próximas décadas.
"Si no reducimos las emisiones, los bajos niveles de agua que hoy nos sorprenden se volverán algo habitual", advirtió Muñoz al presentar los resultados, que ya generan preocupación entre las autoridades panameñas.
El lago Gatún, corazón del canal
Todo el Canal depende del lago Gatún, un embalse artificial que además da agua potable a cientos de miles de personas. Cada vez que cruza un barco se van más de 26 millones de galones de agua dulce directo al mar. Es lo que cuesta hacer funcionar las esclusas.
Durante la sequía de 2023, las autoridades bajaron el número de embarcaciones de 38 a 22 por día. También pusieron límites a la carga que podían llevar los buques. Fue una medida de emergencia para que el sistema no colapsara por falta de agua.
Proyecciones climáticas preocupantes
El modelo que armó Muñoz muestra algo inquietante, las sequías extremas podrían duplicarse para finales de siglo si seguimos con las emisiones actuales. Las lluvias caerían de forma drástica entre mayo y agosto, que es justo cuando Panamá más necesita llenar sus embalses.
En los escenarios más optimistas, con una reducción fuerte de gases invernadero, los niveles del lago aguantarían estables. Pero si seguimos como vamos, el país va a enfrentar una pérdida sostenida de agua dulce y cada vez más problemas para operar el canal.
El futuro del canal y la respuesta global
El Canal de Panamá es una arteria vital para el comercio internacional. Cualquier restricción en su capacidad golpea las rutas marítimas, los tiempos de entrega y los precios del transporte en todo el mundo. Su vulnerabilidad climática lo convierte en un símbolo claro de los impactos económicos del calentamiento global.
Las autoridades panameñas ya están en eso, trabajan en un nuevo embalse y en sistemas para recircular el agua. Pero los expertos son claros, ninguna obra va a alcanzar si no se reducen las emisiones a nivel global. "El futuro del canal dependerá tanto del clima mundial como de las decisiones que tomemos hoy", concluyó Muñoz.