Los leopardos de las nieves siempre han sido un misterio. Viven entre montañas remotas de Asia, desde Afganistán hasta el Tíbet, y rara vez se dejan ver. Ahora, un estudio dirigido por la Universidad de Stanford advierte que estos felinos podrían enfrentar un futuro complicado, su diversidad genética es sorprendentemente baja.
El trabajo, publicado en las Actas de la Academia Nacional de Ciencias, analizó el ADN de 41 ejemplares de diferentes regiones, incluyendo animales salvajes y de zoológicos. Los resultados muestran que los leopardos de las nieves son genéticamente muy parecidos entre sí, una señal preocupante en un mundo que cambia tan rápido como el clima.
Katie Solari, investigadora de Stanford y autora principal, explicó que “no tienen muchos ejemplares ni mucha variación genética, lo que los hace poco preparados para afrontar los cambios que se avecinan”. En total, se estima que quedan menos de ocho mil individuos en todo el planeta.
Los científicos creen que esta baja diversidad no se debe a una caída reciente, sino a que las poblaciones siempre fueron pequeñas y estables. A diferencia de otros grandes felinos como los guepardos, que pasaron por fuertes cuellos de botella poblacionales, los leopardos de las nieves habrían mantenido números bajos durante miles de años.
Esa estabilidad histórica permitió algo inusual, la eliminación natural de mutaciones negativas. En palabras simples, las crías con genes dañinos no sobrevivían o se reproducían menos, de modo que la especie purgaba sus propios errores genéticos con el tiempo. Sin embargo, eso no significa que esté a salvo.
Dmitri Petrov, coautor del estudio, señaló que el cambio climático podría alterar los frágiles ecosistemas de montaña donde viven. “Los humanos no necesitan subir a sus montañas para afectarlos. El clima cambia y eso impacta a todo el planeta, incluso en las zonas más remotas”, advirtió.
Los leopardos de las nieves dependen de presas específicas, como la oveja azul del Tíbet o la cabra montés siberiana. Si estos animales migran o desaparecen, ellos también podrían hacerlo. Un pequeño cambio en la cadena alimentaria puede significar la diferencia entre sobrevivir o extinguirse.
El equipo de Stanford trabaja ahora en nuevas herramientas genéticas para estudiar la especie sin capturarla. Han desarrollado una prueba que permite analizar ADN en heces, lo que facilitará el seguimiento de ejemplares salvajes y el control de su salud genética a gran escala.
Además, los investigadores buscan ampliar el muestreo a más regiones de Asia central para conocer diferencias locales. Cada muestra de sangre o tejido ayuda a entender mejor cómo se organizan las poblaciones y qué tan conectadas están entre sí.
La conclusión es clara, aunque los leopardos de las nieves lograron sobrevivir en condiciones extremas durante siglos, su genética limitada los deja sin margen de maniobra frente al calentamiento global. Si su hábitat sigue degradándose, podrían desaparecer mucho antes de tener tiempo para adaptarse.
Protegerlos significa también proteger todo el ecosistema de las altas montañas, desde las presas que cazan hasta los pastores que comparten su territorio. En ese equilibrio silencioso se juega la supervivencia de uno de los felinos más enigmáticos del planeta.