Un fósil hallado en colecciones de museo y analizado con nuevas tecnologías ha revelado la primera evidencia de mordida en peces. El protagonista es el Platysomus, un pez de aletas radiadas que vivió hace 310 millones de años y que desarrolló una estructura dental inédita para su tiempo.
El hallazgo fue realizado por un equipo internacional en el que participó el paleontólogo Matt Friedman, de la Universidad de Michigan. La investigación demuestra que este pez utilizaba una placa dentaria sostenida por huesos branquiales, que funcionaba como una lengua con dientes, capaz de triturar y moler el alimento.
El descubrimiento, publicado en la revista Biology Letters, señala que el Platysomus fue el primer pez en aprovechar los huesos asociados a la respiración para crear un aparato de alimentación más complejo. Esta innovación marcó un punto de inflexión en la evolución de los peces de aletas radiadas, grupo al que pertenecen especies actuales como el salmón o el bacalao.
“Es una adaptación convergente fascinante. Este grupo extinto descubrió un truco que otros peces también desarrollaron de manera independiente más adelante”, explicó Friedman, director del Museo de Paleontología de la Universidad de Michigan. Según el investigador, la mordida lingual muestra cómo distintos linajes enfrentaron problemas similares con soluciones comparables.
El fósil clave, probablemente recolectado hace más de un siglo, permanecía en un museo del Reino Unido. Gracias a tomografías computarizadas tridimensionales, el equipo detectó en una cabeza de Platysomus excepcionalmente preservada las placas dentarias internas, lo que permitió reconstruir la mecánica de su mordida.
El nombre Platysomus significa “cuerpo plano”, una forma que complicó su estudio porque los ejemplares fosilizados suelen estar aplastados, ocultando estructuras internas. Friedman y sus colegas se centraron en cráneos preservados en tres dimensiones para poder observar las conexiones branquiales y dentarias con mayor detalle.
Los investigadores destacan que los peces actuales más parecidos en su modo de alimentación son los macabíes, que viven en aguas tropicales y se alimentan de presas con caparazón duro, como cangrejos. Esto confirma que la innovación de Platysomus abrió un camino evolutivo que todavía perdura en especies modernas.
Además de Friedman, participaron Sam Giles de la Universidad de Birmingham y Matthew Kolmann de la Universidad de Louisville. El estudio subraya la importancia de las colecciones de museo, donde fósiles antiguos aún guardan secretos que solo pueden revelarse con técnicas de análisis actuales.
Fuente: Royal Society