Mientras un grupo internacional de científicos buscaba el hielo más antiguo del mundo, se toparon con algo completamente inesperado, sedimentos filtrándose bajo la inmensa capa de hielo de la Antártida. El hallazgo, liderado por investigadores de la Universidad de Texas en Austin, podría revelar un proceso geológico desconocido que lleva millones de años remodelando el continente blanco desde abajo.
El descubrimiento se produjo durante una misión del Centro para la Exploración del Hielo Más Antiguo (COLDEX), un consorcio financiado por la Fundación Nacional de Ciencias de Estados Unidos. Utilizando un radar aerotransportado, el equipo cartografió una vasta región del interior antártico, cerca del Polo Sur, en busca de hielo continuo que preserve el clima del pasado remoto. En cambio, detectaron señales de material sedimentario bajo las capas más profundas.
El estudio, publicado en Geophysical Research Letters, muestra que estos sedimentos parecen desplazarse lentamente desde una cordillera subglacial hacia una cuenca cercana, acumulándose en el fondo durante millones de años. Este proceso, hasta ahora no documentado, sugiere que el hielo antártico no solo conserva la historia del clima, sino que también participa activamente en la creación del paisaje que cubre.
Los científicos creen que el fenómeno está relacionado con zonas de mayor flujo de calor geotérmico bajo el hielo. Allí, el contacto entre el calor interno de la Tierra y la base congelada produce un derretimiento gradual que arrastra pequeñas partículas de roca, depositándolas lentamente en la cuenca del Polo Sur.
“Es como si la capa de hielo estuviera esculpiendo su propio lecho”, explicó Duncan Young, investigador del Instituto de Geofísica de la Universidad de Texas y autor principal del estudio. “El hielo se derrite muy lentamente, transportando diminutos granos de sedimento que, con el tiempo, forman una cuenca completamente nueva”.
Los modelos indican que este proceso podría haberse desarrollado durante entre 14 y 30 millones de años. A diferencia de los ríos o los glaciares convencionales, esta “sedimentación subglacial” se produce sin corrientes visibles ni erosión típica, lo que la convierte en un tipo de actividad geológica única en el planeta.
Comprender cómo se comporta el hielo en contacto con el suelo es crucial para identificar los lugares donde aún podría conservarse el hielo más antiguo de la Tierra. Según Young, algunas zonas aguas arriba de la cuenca podrían haber permanecido frías y estables, protegiendo registros climáticos de más de un millón de años.
Aunque el hallazgo no reveló el hielo continuo más antiguo, su valor radica en algo más profundo, demuestra que la Antártida es un sistema dinámico y vivo, donde incluso bajo kilómetros de hielo, la Tierra sigue respirando y transformándose lentamente.