Las personas con buena forma física podrían estar mejor preparadas para afrontar los efectos negativos de la deshidratación, según una nueva investigación de la Universidad de California en Riverside. El estudio, realizado con ratones de laboratorio, muestra que los animales con mayor capacidad aeróbica mantienen un mejor rendimiento incluso cuando se les priva de agua.
El equipo dirigido por el profesor Theodore Garland utilizó líneas de ratones criadas selectivamente durante más de tres décadas por su resistencia y motivación para correr. Estos roedores, conocidos como “corredores de alta frecuencia”, duplicaron su actividad voluntaria al enfrentarse a un día sin acceso al agua, un resultado que sorprendió a los investigadores.
“Estar en buena forma física puede ayudar al cuerpo y al cerebro a soportar mejor los desafíos de la deshidratación”, explicó Garland. Los ratones más activos corrieron mayores distancias y a velocidades más altas, incluso cuando perdieron peso, lo que indica un impacto fisiológico distinto al esperado bajo condiciones de estrés hídrico.
El estudio, publicado en Physiology and Behavior, sugiere que la aptitud física no solo mejora el rendimiento muscular, sino también la capacidad del organismo para mantener la actividad ante la falta de hidratación, un aspecto poco explorado en fisiología comparada.
Los científicos proponen que este comportamiento podría estar relacionado con un fenómeno llamado sustitución de recompensas, al no poder beber, los ratones buscarían otra fuente de placer biológico, como correr. En los animales más en forma, esa sustitución fue más efectiva, lo que explicaría el incremento de su actividad pese a la privación de agua.
Garland advierte que los resultados no deben interpretarse como una recomendación para limitar el consumo de líquidos. “No hemos probado si entrenar en condiciones de deshidratación leve puede aumentar la resiliencia humana”, señaló. “Por ahora, mantenerse hidratado sigue siendo esencial”.
Aun así, el hallazgo podría tener relevancia para trabajadores que realizan actividades físicas intensas en entornos calurosos, como agricultores o constructores, y para atletas que entrenan bajo condiciones extremas. La forma física, según Garland, podría ofrecer un “colchón fisiológico” frente a la falta temporal de agua.
En un mundo cada vez más cálido y seco, los investigadores creen que entender cómo la condición física ayuda a mantener el rendimiento durante la deshidratación podría ser clave para la salud y la adaptación humana. “La buena forma física siempre ha sido una ventaja”, concluyó Garland, “pero ahora podría ser también una forma de resiliencia frente al cambio climático”.