Un consorcio internacional de investigadores ha creado la mayor base de datos jamás reunida sobre la actividad cerebral durante el sueño y los sueños. Bautizada como DREAM, esta colección combina más de 2.600 registros de 505 personas y ofrece una mirada inédita al funcionamiento del cerebro mientras dormimos. El proyecto, respaldado por la Fundación BIAL y coordinado por la Universidad de Monash, marca un antes y un después en el estudio científico de la consciencia.
El análisis inicial de los datos, publicado en Nature Communications, confirma algo que cambia la manera en que entendemos los sueños, no ocurren solo durante la fase REM, aquella en la que los ojos se mueven rápidamente y el cerebro se mantiene activo, sino también en las fases NREM, cuando el sueño es más profundo y tranquilo.
En estos casos, los investigadores observaron que la actividad cerebral se asemeja sorprendentemente a la vigilia. Es decir, incluso en los momentos en que el cuerpo parece completamente dormido, ciertas zonas del cerebro permanecen encendidas, como si una parte de nosotros siguiera despierta para sostener el hilo del sueño.
El proyecto DREAM reúne registros de electroencefalografía y magnetoencefalografía de 20 estudios previos, con información detallada de los despertares y los informes de los sueños de cada participante. La base de datos es abierta y colaborativa, disponible en línea para laboratorios de todo el mundo.
Los investigadores también aplicaron algoritmos de inteligencia artificial para analizar los patrones neuronales previos a cada despertar. Con ello, lograron predecir si la persona estaba soñando en ese momento, con un grado de precisión sin precedentes. Este avance podría permitir en el futuro detectar en tiempo real cuándo alguien sueña y cómo varía la experiencia.
El neurocientífico Giulio Bernardi, uno de los coordinadores del proyecto, destaca que la colaboración de 53 autores y 37 instituciones en 13 países hizo posible reunir décadas de datos dispersos en una sola plataforma. “Por primera vez, podemos observar los sueños como un fenómeno universal, comparable y medible”, señaló.
Más allá de su valor técnico, el estudio refuerza una idea intrigante, el cerebro nunca se apaga por completo. Incluso en la oscuridad del sueño profundo, mantiene encendida una chispa de actividad que, quizá, sea el origen de nuestros mundos soñados.