Aunque la energía del carbón ha ido en declive en Estados Unidos, más de un centenar de plantas siguen activas y sin fecha de cierre. Esta brecha amenaza los objetivos climáticos del país. Un nuevo estudio de la Universidad de California Santa Bárbara ofrece una hoja de ruta para retirar estas centrales de forma más rápida, eficiente y estratégica.
El trabajo, publicado en la revista Nature Energy, analiza por qué algunas plantas resisten el cierre a pesar de la presión económica y ambiental. Según los autores, no existe una única causa ni una solución general, sino un conjunto de factores locales que determinan la viabilidad del retiro.
Un modelo que clasifica las plantas según su vulnerabilidad al cierre
El equipo de la UCSB diseñó un modelo que combina teoría de grafos y análisis de datos para clasificar casi 200 plantas de carbón en ocho grupos distintos. Cada uno refleja una combinación de factores técnicos, financieros y sociales que influyen en su permanencia o retiro. La herramienta también calcula una puntuación de “vulnerabilidad al cierre”, identificando las instalaciones con mayor probabilidad de ser desmanteladas pronto.
Los investigadores descubrieron que cerca del 28 % de las plantas activas podrían cerrarse a corto plazo si se aplican políticas específicas. El modelo ayuda a decidir dónde enfocar los esfuerzos, desde regulaciones de salud pública hasta incentivos económicos o medidas legales.
Factores económicos, sanitarios y políticos detrás de los retiros
Entre los grupos identificados destacan las “plantas de alto impacto sanitario” y las “plantas costosas”, que generan pérdidas financieras o contaminación significativa. En lugares donde las tasas de asma son altas o los costos de operación se disparan, los cierres podrían acelerarse mediante campañas de salud o reformas económicas locales.
Un ejemplo citado en el estudio es la central Belews Creek, en Carolina del Norte. Con casi medio siglo de operación y altos niveles de contaminación, la planta se considera un caso emblemático de vulnerabilidad estructural. Su cierre, según los autores, sería una victoria rápida tanto para la economía como para la salud pública.
Una herramienta adaptable a otros desafíos de descarbonización
El modelo no solo sirve para el carbón. Los investigadores aseguran que puede aplicarse a otros sectores intensivos en emisiones, como el petróleo, el gas o la industria pesada. Su diseño de código abierto permite que gobiernos, empresas y ONG lo adapten a diferentes contextos energéticos.
“Nuestra meta era crear una herramienta que uniera ciencia de datos y políticas públicas”, explicó la profesora Grace Wu, coautora del estudio. “Si entendemos qué factores impulsan o frenan el retiro de plantas, podemos planificar una transición más justa y eficaz”.
El estudio concluye que cerrar el carbón de forma inteligente no es solo una cuestión ambiental, sino también social y económica. Con estrategias basadas en evidencia, Estados Unidos podría acelerar su camino hacia una matriz energética más limpia sin dejar atrás a las comunidades que aún dependen de estos empleos.