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Descubren cómo los riftings que dividieron Madagascar impulsaron su biodiversidad

Dos grandes desgarros tectónicos inclinaron la isla en direcciones opuestas y reescribieron su geografía

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Paisaje de la meseta central de Madagascar con colinas erosionadas y vegetación dispersa bajo un cielo nublado
La meseta central de Madagascar, con suelos rojizos y pastizales intercalados con zonas verdes. Crédito: Sean Willett / ETH Zúrich.

Un nuevo estudio explica por qué Madagascar combina un relieve tan abrupto con una biodiversidad fuera de serie. La respuesta está en su pasado tectónico: la isla no se separó solo una vez, sino dos, y cada “desgarro” (rifting) inclinó el terreno en sentidos opuestos, cambiando el rumbo de los ríos y remodelando el paisaje.

El equipo de la ETH de Zúrich analizó la historia geológica de la isla combinando datos satelitales y modelos digitales del terreno. Descubrieron que cada episodio de rifting generó una inclinación distinta del relieve, con consecuencias directas sobre la red hidrográfica y la erosión.

Estas deformaciones sucesivas dejaron cicatrices visibles en la topografía: antiguos valles invertidos, cuencas colgadas y zonas donde los ríos quedaron atrapados entre acantilados. En conjunto, esos procesos definieron el marco físico sobre el que más tarde evolucionó su singular biodiversidad.

Vista del río Marimbona serpenteando entre colinas verdes en el este de Madagascar
El río Marimbona, en el este de Madagascar, transporta grandes volúmenes de agua desde la escarpa oriental hacia la costa. Crédito: Romano Clementucci / ETH Zúrich.

Cuando la isla se partió: de África primero, de India después

Hace unos 170 millones de años, Madagascar se separó de África. Esa ruptura dejó una escarpa al oeste y una meseta inclinada hacia el este, por donde drenaban la mayoría de sus ríos. Pero unos 90 millones de años más tarde llegó el segundo acto: la separación de India y las Seychelles desde la costa oriental, que inclinó la isla hacia el lado contrario.

El resultado fue un giro de 180° en su hidrología: ríos que antes corrían al este comenzaron a hacerlo hacia el oeste, la gran divisoria de aguas se desplazó, y la costa del Índico heredó una escarpa joven, recta y muy empinada: la “firma” más visible de Madagascar actual.

Casas tradicionales de madera y paja en una zona montañosa del este de Madagascar
Las montañas del este de Madagascar, moldeadas por un clima tropical, actúan como barrera natural que separa los húmedos bosques orientales del interior seco. Crédito: Romano Clementucci / ETH Zúrich.

Ríos que cambian de sentido y un relieve que nunca dejó de moverse

El estudio identifica a la divisoria de aguas como la clave del rompecabezas. Con cada inclinación de la isla, esa frontera natural entre cuencas migró a lo largo del territorio, obligando a los ríos a buscar nuevas rutas y acelerando la erosión en zonas distintas en cada etapa.

Con el tiempo, el oeste evolucionó hacia mesetas de bajo relieve y tierras altas desgastadas, mientras que el este desarrolló la escarpa joven y lineal que hoy domina el paisaje. Lejos de ser “estable”, la superficie de Madagascar resultó ser dinámica, con cambios que dejaron huellas duraderas.

Formaciones rocosas escarpadas y colinas erosionadas del oeste de Madagascar bajo un cielo parcialmente nublado
Las montañas escarpadas del oeste de Madagascar muestran los restos de una antigua meseta profundamente erosionada por sistemas fluviales. Crédito: Romano Clementucci / ETH Zúrich.

Del relieve a la vida: cómo la geología alimentó la biodiversidad

Madagascar es un “hotspot” biológico: más del 90% de sus mamíferos y reptiles, y más del 80% de sus plantas, son únicos. El trabajo propone que la propia geografía actuó como una “bomba de especiación”: al fragmentar hábitats y mover fronteras naturales, el relieve creó escenarios de aislamiento donde las especies pudieron divergir.

Esa idea complementa las explicaciones clásicas basadas en clima y aislamiento insular. Aquí, la tectónica y la erosión no solo moldearon montañas y ríos: también marcaron rutas evolutivas, especialmente a lo largo de la escarpa oriental, donde el gradiente ambiental es muy brusco.

La conclusión es amplia: regiones consideradas “tranquilas” —como Madagascar, Sudáfrica, India, Brasil o Australia— esconden historias de relieve cambiante que ayudan a explicar por qué concentran tanta vida. Entender esa memoria geológica es clave para conservar la biodiversidad que el paisaje, a lo largo de millones de años, ayudó a crear.

Preguntas frecuentes

¿Qué descubrió el estudio sobre la formación de Madagascar?

Científicos de la ETH de Zúrich hallaron que Madagascar se separó dos veces —de África y luego de India— y que esos riftings inclinaron la isla en direcciones opuestas, cambiando sus ríos y su relieve.

¿Cómo afectaron los riftings al paisaje actual de Madagascar?

Cada desgarro tectónico inclinó el terreno, desplazó la divisoria de aguas y generó una escarpa oriental joven, mientras el oeste se transformó en mesetas erosionadas y valles antiguos.

¿Qué relación tiene la geología con la biodiversidad de Madagascar?

Los cambios en el relieve fragmentaron los hábitats y aislaron poblaciones, creando condiciones ideales para la aparición de nuevas especies únicas de plantas y animales.

¿Por qué este estudio es importante más allá de Madagascar?

Revela que incluso regiones consideradas geológicamente estables esconden historias de relieve cambiante que explican su enorme diversidad biológica y ayudan a orientar estrategias de conservación.

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