Un equipo internacional de la Universidad de Northumbria logró observar por primera vez unas esquivas ondas magnéticas que se forman en la atmósfera del Sol. Estas estructuras, llamadas ondas torsionales de Alfvén, fueron predichas en la década de 1940 pero nunca habían sido vistas directamente, y podrían ser responsables de calentar la corona solar hasta millones de grados.
El hallazgo, publicado en la revista Nature Astronomy, se consiguió gracias al Telescopio Solar Daniel K. Inouye, el más potente del mundo, ubicado en Hawái. Su avanzado espectrómetro permitió detectar los movimientos de torsión del plasma solar que antes pasaban inadvertidos.
Según el profesor Richard Morton, líder del estudio, las nuevas observaciones ofrecen la primera evidencia directa de cómo estas ondas viajan a través del campo magnético solar, transfiriendo energía hacia las capas superiores del Sol. “Llevamos décadas buscándolas; ahora podemos ver cómo tuercen las líneas magnéticas como si fueran cuerdas”, explicó.
El descubrimiento resuelve una de las grandes incógnitas de la física solar: por qué la corona, la capa más externa del Sol, es cientos de veces más caliente que su superficie visible.
Un avance que puede ayudar a predecir el clima espacial
Las ondas detectadas no solo aportan energía al calor coronal, sino que también podrían influir en el viento solar, una corriente de partículas que viaja por el sistema solar y afecta las comunicaciones y satélites en la Tierra. Entender su origen es crucial para mejorar los modelos de predicción del clima espacial.
El instrumento usado, el Cryo-NIRSP del Telescopio Inouye, permitió distinguir los desplazamientos del plasma mediante cambios de color en la luz solar: azul cuando se acerca y rojo cuando se aleja. Este análisis espectroscópico reveló el movimiento de torsión característico de las ondas de Alfvén.
Los investigadores destacan que el hallazgo valida décadas de modelos teóricos y marca un punto de inflexión en la comprensión de la energía solar. También abre el camino a nuevos estudios con telescopios espaciales y sondas solares para determinar cómo estas ondas contribuyen al flujo constante de energía que emana del Sol.
Más allá de resolver un misterio científico, el descubrimiento ofrece información clave para proteger infraestructuras tecnológicas en la Tierra. Comprender cómo se origina y propaga el calor solar permitirá anticipar tormentas magnéticas y mejorar la seguridad de satélites, redes eléctricas y sistemas de comunicación globales.