El Departamento de Energía de Estados Unidos (DOE) ha presentado su primera hoja de ruta para el desarrollo de la energía de fusión, una tecnología que busca reproducir la reacción que alimenta al Sol para generar electricidad limpia y constante. El documento marca un hito histórico en la política energética del país, pero llega sin un presupuesto asignado para convertir el plan en realidad.
El objetivo del DOE es sentar las bases para construir los primeros reactores de fusión comercial en la década de 2030. Para lograrlo, el plan propone reforzar la investigación científica, crear nueva infraestructura y fomentar alianzas entre el sector público, las universidades y las empresas privadas.
“Por primera vez, el DOE, la industria y nuestros laboratorios nacionales estarán alineados con un propósito compartido, acelerar el camino hacia la energía de fusión comercial”, afirmó Darío Gil, subsecretario de ciencia del Departamento, durante la presentación del informe.
Una apuesta científica con apoyo del sector privado
La hoja de ruta llega en un momento en que la inversión privada en fusión ha alcanzado niveles récord. Según la Asociación de la Industria de la Fusión, las empresas del sector han invertido más de 9.000 millones de dólares en los últimos años, con el apoyo de figuras como Jeff Bezos, Bill Gates y Sam Altman. Varias compañías ya desarrollan prototipos de reactores que podrían estar operativos dentro de una década.
El DOE pretende aprovechar ese impulso creando centros regionales de innovación y fortaleciendo programas educativos para formar personal especializado. También propone colaborar con laboratorios como Oak Ridge, en Tennessee, que trabaja en materiales capaces de resistir las condiciones extremas dentro de los reactores de fusión.
La hoja de ruta también destaca el papel de la inteligencia artificial en la simulación de reacciones y el diseño de materiales, algo que podría acelerar el desarrollo tecnológico. Iniciativas como el clúster “Stellar-AI”, en colaboración con Nvidia e IBM, buscan crear gemelos digitales de reactores para probar mejoras sin necesidad de construir prototipos físicos.
Un plan ambicioso sin dinero asegurado
A pesar de su alcance, el documento no compromete nuevos fondos federales. El DOE reconoce que el gasto futuro dependerá del Congreso y que el presupuesto actual para fusión —unos 790 millones de dólares— podría incluso reducirse. Esto ha generado críticas de expertos que consideran que el plan es más una declaración de intenciones que una estrategia realista.
El secretario de Energía, Chris Wright, admitió que “necesitamos aumentar la financiación pública” si se quiere mantener el liderazgo tecnológico de Estados Unidos. Mientras tanto, la administración Trump ha priorizado los combustibles fósiles dentro de su política de “dominio energético”, lo que deja en segundo plano proyectos como la fusión o las energías renovables.
Aun así, el DOE insiste en que el plan es un paso necesario para coordinar esfuerzos y mantener el liderazgo científico del país. Si logra atraer la inversión adecuada, Estados Unidos podría convertirse en el primer país en generar electricidad a gran escala mediante fusión, una fuente prácticamente inagotable de energía limpia.