El planeta se acerca a un punto de no retorno. Así lo advierte el nuevo Informe sobre el Estado del Clima 2025, publicado en la revista BioScience y respaldado por más de 15.000 científicos de todo el mundo. Los autores alertan de que 22 de los 34 indicadores ambientales analizados han alcanzado niveles récord, lo que refleja una aceleración alarmante de la crisis climática global.
El estudio, liderado por el Dr. William J. Ripple y el Dr. Christopher Wolf, resume los cambios más recientes en los sistemas atmosféricos, oceánicos y terrestres. Entre los datos más preocupantes destacan el aumento histórico de las temperaturas globales, la pérdida acelerada de hielo y la concentración récord de dióxido de carbono en la atmósfera.
Los investigadores sostienen que la humanidad está entrando en una nueva fase climática, caracterizada por retroalimentaciones que se intensifican y un aumento sostenido del calor extremo.
Un planeta que se recalienta más rápido de lo previsto
El informe señala que 2024 fue el año más cálido jamás registrado y que 2025 sigue esa misma tendencia. Las temperaturas oceánicas han alcanzado niveles sin precedentes, mientras que los fenómenos meteorológicos extremos desde inundaciones hasta incendios forestales se multiplican en frecuencia e intensidad.
Según los autores, el fenómeno de El Niño y la pérdida de absorción de carbono por los ecosistemas terrestres han contribuido al reciente repunte de dióxido de carbono en la atmósfera, lo que agrava la tendencia de calentamiento. Este aumento de gases de efecto invernadero podría consolidar una “trayectoria de invernadero” que desencadene alteraciones irreversibles.
Entre los riesgos señalados figura el posible colapso de la circulación oceánica del Atlántico, un proceso que, de producirse, alteraría los patrones de lluvia, causaría sequías más severas y afectaría la productividad agrícola de regiones enteras.
El informe advierte que el ritmo del calentamiento global supera la capacidad de adaptación de muchos ecosistemas y especies, incluyendo a las poblaciones humanas más vulnerables.
Riesgos en cascada y desigualdad climática
El documento enfatiza que la crisis climática no solo es ambiental, sino también social y económica. Los desastres relacionados con el clima han desplazado a millones de personas y amenazan la seguridad alimentaria y energética en todo el planeta.
Ripple y Wolf destacan que las comunidades más afectadas son, en muchos casos, las que menos contribuyen a las emisiones. “Estamos perjudicando desproporcionadamente a quienes tienen menos responsabilidad en la crisis”, señalan los autores.
Los científicos también subrayan la creciente brecha entre los compromisos climáticos internacionales y las acciones reales de reducción de emisiones. Pese a los acuerdos firmados, las emisiones globales continúan en aumento.
El informe propone que la justicia climática sea un eje central de las políticas públicas y las inversiones, ya que la falta de equidad podría frenar cualquier intento de mitigación sostenible.
Estrategias urgentes para revertir la tendencia
A pesar del panorama sombrío, el informe presenta una lista de soluciones viables y rentables. Entre ellas, la restauración de ecosistemas degradados, la protección de bosques, la adopción de energías renovables y la reducción del desperdicio alimentario, responsable de hasta el 10 % de las emisiones globales.
Los investigadores destacan que el costo de actuar hoy es significativamente menor que el de reparar los daños futuros. “Mitigar el cambio climático es una inversión, no un gasto”, afirma Ripple, quien insiste en que las decisiones políticas de los próximos años serán determinantes.
Además, el informe destaca la importancia de los llamados “puntos de inflexión sociales”: pequeñas acciones colectivas que pueden desencadenar grandes cambios, desde el consumo hasta la legislación.
“Incluso los movimientos no violentos, sostenidos y constantes, pueden alterar normas y políticas”, señalan los autores, recordando que la participación ciudadana es esencial para mantener la presión sobre los gobiernos.
Los científicos concluyen con un mensaje claro, el futuro aún se puede escribir, pero requiere una acción coordinada, rápida y justa. Cada año de retraso, advierten, aleja más la posibilidad de estabilizar el clima de la Tierra.