Nuestra galaxia no es un disco rígido y estable. Gira, se deforma y, según los últimos datos del telescopio espacial Gaia de la Agencia Espacial Europea (ESA), también presenta una onda colosal que recorre gran parte de su estructura.
El hallazgo fue publicado en la revista Astronomy and Astrophysics por un equipo internacional liderado por la astrónoma Eloisa Poggio del Istituto Nazionale di Astrofisica (INAF) de Italia. El trabajo muestra cómo miles de estrellas se alinean siguiendo un patrón ondulante que atraviesa el disco de la Vía Láctea.
La onda se extiende entre 30.000 y 65.000 años luz del centro galáctico, cubriendo un área inmensa del disco exterior. Es como si una piedra lanzada en un estanque hubiera generado ondas que avanzan hacia el borde de la galaxia.
Gaia, lanzado en 2013, permite medir con gran precisión posiciones y movimientos de estrellas en tres dimensiones. Gracias a estos datos, los investigadores no solo detectaron la deformación del disco, ya conocida, sino que identificaron un patrón coherente de oscilaciones estelares en gran escala.
“Lo interesante no es solo la apariencia visual de la onda, sino también cómo se refleja en los movimientos de las estrellas”, explicó Poggio. El análisis reveló que las trayectorias estelares acompañan la ondulación, lo que confirma su naturaleza dinámica.
Para el estudio se utilizaron estrellas jóvenes y cefeidas, variables muy útiles porque su brillo puede medirse a grandes distancias. Al comprobar que estas también se mueven siguiendo el patrón ondulatorio, los científicos concluyeron que el gas del disco galáctico podría estar implicado en el fenómeno.
El origen de la onda es aún incierto. Una de las hipótesis plantea que pudo generarse tras la colisión de la Vía Láctea con una galaxia enana en el pasado. Otra posibilidad es que se trate de un eco relacionado con otras estructuras más cercanas, como la onda de Radcliffe.
Los astrónomos destacan que esta ondulación es distinta de la deformación clásica del disco y de las oscilaciones más pequeñas observadas en las cercanías del Sol. Se trata de un movimiento a gran escala que afecta a millones de estrellas a lo largo de miles de años luz.
La ESA espera que la próxima publicación de datos de Gaia, prevista en los próximos años, proporcione información más precisa sobre estrellas variables y permita trazar mapas aún más detallados de la onda. Esto podría confirmar su origen y su influencia en la evolución de la galaxia.
El descubrimiento refuerza la idea de que la Vía Láctea es un sistema dinámico y en constante cambio. Comprender estas ondas gigantes no solo explica la historia de nuestra galaxia, sino que también ofrece claves sobre cómo se forman y evolucionan las grandes estructuras cósmicas.