España vive el peor año de incendios forestales desde que existen registros modernos. Según el sistema Copernicus de la Unión Europea, las llamas ya arrasaron más de 382.000 hectáreas en 2025. Nunca se había visto algo así, ni siquiera en los veranos más duros del pasado.
El incremento es descomunal, un 800 % más que el año anterior. Y lo alarmante no es solo cuánto se quema, sino cómo se quema. Las llamas avanzan más rápido, arden con temperaturas más altas y dejan menos margen a los equipos de emergencia. Muchos expertos aseguran que España ha dejado atrás la era de los incendios forestales. Lo que enfrenta ahora son auténticos “megaincendios”.
El fuego golpeó con fuerza en Galicia, Castilla y León, Asturias y Extremadura. En Ourense, el de A Rúa consumió más de 44.000 hectáreas. En Zamora, Uña de Quintana perdió más de 40.000, y en León, Benuza quedó devastada. Los pueblos se vaciaron en cuestión de horas, entre el humo y el sonido de los helicópteros que no daban abasto.
Pedro Sánchez viajó a las zonas arrasadas junto al ministro Fernando Grande-Marlaska. Desde Cáceres anunció la declaración de zonas de emergencia y pidió unidad. “Esto no es una catástrofe puntual, es una señal de alarma de la crisis climática”, dijo con tono grave, mientras los vecinos le mostraban campos convertidos en ceniza.
La FAO ya había advertido que los incendios son más largos e intensos por el cambio climático. A eso se suman el abandono rural y la sequía crónica que arrastra el país. En muchos pueblos, los vecinos aseguran que el monte está muerto, que ya nadie limpia ni pastorea. Cuando el fuego llega, no hay nada que lo frene.
El informe Incendios fuera de control de WWF coincide. Aunque el número total de incendios bajó, los que se producen arrasan mucho más. La organización prevé que, de seguir así, para 2050 el área quemada podría duplicarse. Los investigadores insisten en que el dinero invertido en prevención siempre rinde más que el gastado en apagar.
La Unión Europea envió ayuda aérea y técnica desde siete países. Cuatro aviones cisterna, varios helicópteros y decenas de especialistas se unieron a la UME. Francia y Grecia mandaron brigadas experimentadas en fuegos de alta intensidad. Es la primera vez que Europa coordina una operación de este tamaño en España.
El fuego arrasó también parques naturales y zonas protegidas. En Galicia y Extremadura se perdieron miles de hectáreas de hábitats clave. Bosques enteros donde anidaban el lobo ibérico, el ciervo y numerosas aves rapaces quedaron reducidos a troncos negros. En algunos valles el olor a madera quemada persiste días después.
Los expertos coinciden, el país necesita un cambio profundo. Prevenir, limpiar, recuperar la ganadería extensiva y reforzar la vigilancia. No basta con más aviones ni más brigadas. España se enfrenta a un nuevo tipo de fuego, uno que ya no se apaga con agua solamente, sino con políticas sostenidas y sentido común.
El verano de 2025 será recordado como el año en que el fuego dejó de ser una excepción y se volvió norma. El mapa arde y, detrás del humo, se dibuja una lección que nadie puede seguir ignorando.