El hábitat de treinta especies de tiburones, rayas y quimeras se superpone con áreas propuestas para la minería de aguas profundas, según un nuevo estudio publicado en Current Biology. Los investigadores advierten que la extracción industrial en el lecho marino podría aumentar drásticamente su riesgo de extinción.
Casi dos tercios de esas especies ya están catalogadas como amenazadas por la sobrepesca y otras actividades humanas. La llegada de grandes vehículos mineros al fondo marino no solo alteraría los ecosistemas, también liberaría columnas de sedimentos que afectarían a las aguas más superficiales.
“La minería de aguas profundas representa una amenaza inédita para estos animales, vitales para el equilibrio oceánico y para la cultura humana”, explicó Aaron Judah, autor principal del trabajo y estudiante de posgrado en la Universidad de Hawái en Mānoa.
El equipo superpuso los mapas de distribución global de especies creados por la UICN con las áreas de contrato ya asignadas por la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos. El resultado fue claro, donde hay superposición, hay riesgo para tiburones, rayas y quimeras.
Algunas especies resultan especialmente vulnerables porque ponen huevos directamente en el fondo marino, como varias rayas y quimeras. Otras, como el tiburón pigmeo o la raya chocolate, habitan franjas de profundidad donde la minería impactaría de forma directa en sus zonas de cría.
El análisis incluyó también especies icónicas como el tiburón ballena y las mantarrayas. Los científicos concluyeron que en 25 de las 30 especies, la actividad minera podría afectar tanto a sus áreas de alimentación como a sus espacios de reproducción.
El estudio se centró en la Zona Clarion-Clipperton, una vasta llanura abisal entre Hawái y México donde ya se tramitan licencias de explotación. Los autores señalan que el impacto de la minería allí podría extenderse a ecosistemas cercanos al archipiélago hawaiano.
“Estos animales constituyen el segundo grupo de vertebrados más amenazado del planeta. Su vulnerabilidad debería ser un tema central en los debates sobre minería oceánica”, advirtió Jeff Drazen, profesor de oceanografía en la misma universidad y coautor del informe.
El trabajo recomienda medidas concretas: incluir a estas especies en evaluaciones de impacto ambiental, crear zonas marinas protegidas y vigilar con programas de monitoreo. Sin ese escudo, la minería podría sellar el destino de varias de ellas.