Después de más de dos décadas de servicio, la Estación Espacial Internacional se acerca a su final. La NASA ya trabaja en los preparativos para desorbitarla de forma controlada alrededor del año 2030, una operación que marcará el cierre de la plataforma más importante en la historia de la exploración orbital.
El plan, que la agencia lleva años delineando junto con sus socios internacionales, busca garantizar que no haya un vacío de presencia humana en la órbita baja. Para ello, la estrategia de la NASA se centra en impulsar estaciones espaciales comerciales construidas y operadas por empresas privadas, que asumirán el relevo de la EEI.
El fin programado de la EEI: cómo y cuándo será su desorbitación
La retirada de la Estación Espacial Internacional no será un simple apagado. La NASA planea una desorbitación controlada, en la que la estructura de 420 toneladas será dirigida hacia un punto remoto del océano Pacífico conocido como Point Nemo, el lugar más alejado de cualquier costa.
Según los planes actuales, la desorbitación ocurrirá en 2030. Para lograrlo, la NASA y sus socios —entre ellos Roscosmos, la ESA, JAXA y la Agencia Espacial Canadiense— coordinarán una serie de maniobras con naves de carga que empujen lentamente la estación hacia una órbita de reentrada. Una vez allí, gran parte de la estructura se desintegrará, aunque algunos fragmentos caerán al mar.
El procedimiento busca minimizar riesgos para la población y el medio ambiente. La agencia también evalúa la posibilidad de utilizar una nave dedicada exclusivamente a guiar la EEI durante su descenso final, una tarea que requerirá precisión milimétrica y meses de planificación.
Axiom, Vast y Starlab: las empresas que tomarán el relevo en la órbita baja
Con el final de la EEI a la vista, varias compañías estadounidenses compiten por construir las próximas estaciones que mantendrán la presencia humana en la órbita baja terrestre. La NASA ya ha elegido apoyar estos proyectos bajo su programa “Destinos Comerciales de Órbita Terrestre Baja”, que promueve la creación de plataformas privadas donde la agencia actuará como cliente y no como propietaria.
Axiom Space lidera el camino con la Estación Axiom, cuyo primer módulo será lanzado en 2026 y se acoplará temporalmente a la EEI antes de operar de forma independiente. La empresa, que ya ha organizado misiones privadas y desarrolla nuevos trajes espaciales, busca crear un laboratorio y hábitat permanente para astronautas, turistas y científicos.
Otra competidora es Vast Space, que planea lanzar su estación Haven-1 en mayo de 2026 mediante un cohete Falcon 9 de SpaceX. Antes, realizará una misión de demostración sin tripulación para validar sus sistemas de soporte vital y energía. Vast también firmó un acuerdo con la Agencia Espacial Europea en 2024, lo que abrirá el acceso a astronautas europeos a sus módulos.
Starlab, desarrollada por Voyager Space y Airbus, prevé su lanzamiento en 2029. Diseñada para cuatro tripulantes, combinará tecnología estadounidense y europea. Airbus aporta su experiencia en estructuras y sistemas, asegurando una fuerte participación europea en la próxima generación de hábitats orbitales.
Europa busca alianzas para mantener su presencia en el espacio
Mientras Estados Unidos apuesta por la iniciativa privada, Europa adopta una estrategia distinta: integrarse en alianzas que le permitan seguir activa en la órbita baja sin asumir el costo de una estación propia. La Agencia Espacial Europea colabora con Airbus en Starlab y con Vast para futuros vuelos de tripulación y carga.
Además, empresas europeas como Thales Alenia Space y The Exploration Company trabajan en vehículos de retorno de carga que podrían operar entre 2028 y 2030, apoyando el abastecimiento y la logística de las nuevas estaciones. Son pasos discretos, pero esenciales para mantener capacidades industriales y científicas.
El desafío para Europa será no quedar relegada a un papel secundario. Sin un presupuesto creciente ni una estación propia, dependerá de acuerdos con socios estadounidenses. La ESA sabe que la independencia cuesta, y el espacio, más que nunca, se ha vuelto un terreno de competencia económica y tecnológica.
La cuenta regresiva hacia 2030 ya está en marcha. La EEI, símbolo de cooperación internacional durante más de veinte años, dejará paso a una nueva etapa dominada por empresas, contratos y mercados. El futuro de la órbita baja ya no pertenece solo a las agencias: pertenece a quienes logren mantener vivo el sueño de seguir allá arriba.