El gobierno de Estados Unidos ha puesto a la venta 600 millones de toneladas de carbón en terrenos públicos de Montana y Wyoming, en lo que representa la mayor subasta del sector en más de una década. La medida, impulsada por la administración de Donald Trump, busca revitalizar una industria que lleva años en retroceso.
Las reservas se encuentran en la cuenca del río Powder, una de las zonas carboníferas más productivas del país. Funcionarios del Departamento del Interior confirmaron que las licitaciones seguirán adelante a partir del lunes, incluso pese al cierre parcial del gobierno federal. El carbón ofrecido procede de tierras federales contiguas a minas ya activas.
La iniciativa reabre un capítulo que el presidente demócrata Joe Biden había intentado cerrar en 2024, cuando bloqueó nuevos arrendamientos para reducir las emisiones de dióxido de carbono. Según cálculos del Departamento de Energía, la quema del carbón que se venderá generaría más de mil millones de toneladas de CO₂, una cifra que alimenta la polémica entre sectores ambientalistas y empresarios energéticos.
Donald Trump ha defendido el carbón como símbolo de independencia energética y empleo para las zonas rurales. En un reciente discurso ante la ONU volvió a calificar el cambio climático de “timo” y criticó las energías solar y eólica por considerarlas poco fiables. Su administración, además, anunció la cancelación de 8.000 millones de dólares en subvenciones para proyectos de energía limpia en varios estados.
La apertura de nuevas minas coincide con una tendencia global que apunta en la dirección contraria. La mayoría de las centrales eléctricas abastecidas por el carbón de Montana y Wyoming tienen previsto cerrar o reconvertirse antes de 2035, según datos de la Administración de Información Energética y la organización Global Energy Monitor.
El secretario del Interior, Doug Burgum, aseguró que la medida permitirá “poner de nuevo a los mineros estadounidenses a trabajar” y que responde al aumento de la demanda eléctrica generado por los centros de datos y la inteligencia artificial. Sin embargo, economistas como Umed Paliwal, del Lawrence Berkeley National Laboratory, advierten que “la economía terminará expulsando al carbón del mercado con el tiempo”.
La principal beneficiaria de la subasta es la compañía Navajo Transitional Energy Co. (NTEC), que opera minas en la región desde 2019. Sus yacimientos abastecen a 34 plantas eléctricas en 19 estados, pero más de la mitad de ellas ya han anunciado su cierre o transición a gas natural y fuentes renovables en la próxima década.
Los expertos coinciden en que la apuesta de Trump ofrece un alivio temporal a una industria que enfrenta una transformación irreversible. La competencia de las renovables, el costo del mantenimiento y las políticas climáticas globales marcan un futuro incierto para el carbón estadounidense. Aun así, en el corazón de Montana y Wyoming, las excavadoras volverán a moverse una vez más.