Un equipo de la Universidad de Cambridge ha desarrollado un método para evaluar cómo las distintas formas de almacenamiento de carbono pueden contribuir a estabilizar el clima durante siglos. Según el estudio, los bosques, los suelos y el biocarbón siguen siendo herramientas valiosas, pero solo cuando se combinan con almacenamiento geológico profundo que garantice la permanencia del carbono.
El trabajo, publicado en la revista Joule, analiza diferentes “carteras” de eliminación de carbono que integran soluciones naturales con tecnología avanzada. La investigación demuestra que una estrategia equilibrada puede evitar la liberación prematura del CO₂ y mantenerlo atrapado durante cientos o incluso miles de años, algo crucial para alcanzar los objetivos del Acuerdo de París.
“Los proyectos de reforestación y biocarbón pueden ser efectivos, pero tienen límites”, explicó el autor principal Conor Hickey, profesor de Energía y Clima en Cambridge. “El carbono atrapado en árboles o suelos puede liberarse por incendios o cambios en el uso del terreno. Necesitamos combinarlo con tecnologías más estables si queremos resultados duraderos”.
El modelo propuesto por Cambridge sugiere que las empresas y gobiernos deben tratar el almacenamiento de carbono como una inversión diversificada. Las opciones naturales ofrecen beneficios inmediatos y de bajo costo, mientras que el almacenamiento geológico —como la inyección de CO₂ en formaciones rocosas profundas— asegura la estabilidad a largo plazo.
El estudio propone crear un “amortiguador” de carbono adicional: por cada tonelada compensada en proyectos de alto riesgo, deberían almacenarse dos toneladas en sistemas permanentes. Esta reserva serviría como garantía frente a pérdidas futuras y reforzaría la credibilidad de las estrategias de neutralidad climática.
Los investigadores también advierten que depender solo de soluciones biológicas puede ser contraproducente. La expansión de plantaciones sin planificación podría generar conflictos por el uso del suelo y reducir la biodiversidad. La clave, señalan, está en encontrar un equilibrio entre la naturaleza y la tecnología.
El almacenamiento geológico, aunque más costoso y exigente, se considera esencial para alcanzar el cero neto real hacia mediados de siglo. “Un cero neto duradero significa cero neto geológico”, recordó el coautor Myles Allen, de la Universidad de Oxford. “Las soluciones naturales deben servir como transición, no como destino final”.
El equipo espera que este enfoque ayude a empresas e instituciones a diseñar carteras de eliminación de carbono más realistas. A largo plazo, combinar tecnologías avanzadas con ecosistemas restaurados podría ofrecer una defensa sólida contra el aumento de las temperaturas globales.