Durante años, los astrónomos no entendían por qué algunos asteroides giraban con regularidad y otros lo hacían de forma caótica, como si se desplomaran sin control por el espacio. La misión Gaia de la Agencia Espacial Europea acaba de resolver el misterio con datos precisos que revelan un patrón oculto tras sus movimientos.
El equipo liderado por el astrofísico Wen-Han Zhou, de la Universidad de Tokio, analizó miles de curvas de luz de asteroides registradas por Gaia. En esos registros descubrieron una brecha clara que separa a los asteroides que giran suavemente de los que lo hacen de manera desordenada.
La causa no está en el azar, sino en el número de colisiones que cada asteroide ha sufrido. Cuantos más impactos, más probable es que su rotación se desestabilice, sobre todo si su estructura interna es frágil o está formada por fragmentos poco compactos.
El modelo creado por Zhou combina dos fuerzas opuestas, las colisiones, que agitan el asteroide y alteran su giro, y la fricción interna, que poco a poco lo estabiliza. Cuando ambas se equilibran, surge una línea divisoria natural entre los cuerpos en rotación estable y los que se mueven de forma caótica.
Los investigadores aplicaron aprendizaje automático al catálogo de Gaia y comprobaron que la brecha que predecía su modelo coincidía exactamente con la observada. Por debajo se encontraban los asteroides de rotación lenta y, por encima, los más estables y veloces.
El hallazgo explica también por qué los asteroides más pequeños son los más propensos a girar de manera caótica, sus colisiones son más frecuentes y su estructura interna más débil, como montones de escombros unidos apenas por la gravedad.
Además, la luz del Sol desempeña un papel inesperado. Los asteroides que giran de forma ordenada pueden acelerar o frenar su rotación por el efecto térmico de la radiación solar, mientras que los que se tambalean caóticamente apenas sienten ese impulso porque su orientación cambia todo el tiempo.
Comprender cómo se relaciona la rigidez interna de un asteroide con su rotación puede ser clave para futuras misiones de defensa planetaria. Saber si un asteroide es sólido o poroso permite predecir cómo reaccionaría ante un impacto destinado a desviarlo.
El equipo planea aplicar este método a millones de asteroides más con el futuro observatorio Vera C. Rubin, ampliando el catálogo de objetos potencialmente peligrosos y aportando una nueva forma de estudiar los restos más antiguos del sistema solar.