El hielo de Norteamérica fue el protagonista del final de la última edad de hielo. Un estudio nuevo de la Universidad de Tulane demuestra que su derretimiento elevó el nivel del mar más de 10 metros. Una cifra que cambia por completo lo que creíamos saber sobre aquel periodo.
Durante décadas se pensó que la Antártida había sido la principal fuente de agua dulce que inundó los océanos cuando terminó el Pleistoceno. Pero no. Los investigadores descubrieron que las masas de hielo norteamericanas jugaron un papel mucho más decisivo.
"Esto requiere revisar toda la historia del deshielo global", dijo Torbjörn Törnqvist, profesor de Geología en Tulane y coautor del trabajo que salió en Nature Geoscience. "El volumen de agua que se vertió al Atlántico Norte fue enorme y alteró el equilibrio del clima en el hemisferio norte".
El estudio también ofrece una pista tranquilizadora, a pesar de la avalancha de agua, el sistema de corrientes del Atlántico resistió sin colapsar. La Corriente del Golfo aguantó. Eso indica que la Tierra tuvo cierta capacidad de amortiguar el impacto, al menos entonces.
Descubrir el pasado bajo el delta del Misisipi
El hallazgo se basó en algo inesperado, sedimentos de antiguos pantanos enterrados cerca de Nueva Orleans. La investigadora Lael Vetter los dató con carbono 14 y reconstruyó la línea costera de hace más de 10.000 años.
Con esos registros, la científica Udita Mukherjee comparó datos del delta del Misisipi con archivos geológicos de Europa y el Sudeste Asiático. Las diferencias en la velocidad del ascenso del mar solo podían explicarse por un derretimiento mucho mayor en el norte de lo que se había calculado.
"Mirar más allá de Norteamérica fue clave", explicó Mukherjee, que ahora está en la Universidad de Hong Kong. "Al adoptar una perspectiva global descubrimos que el hielo del norte liberó más agua de lo que nadie había calculado".
Un pasado que habla del futuro
Aunque el planeta resistió aquella catástrofe, los investigadores advierten que las condiciones actuales son muy distintas. El ritmo del calentamiento y la velocidad del deshielo moderno superan por mucho los del pasado. No tiene comparación.
Törnqvist señala que Groenlandia ya muestra señales de pérdida acelerada y podría reproducir, a escala moderna, procesos similares a los del final de la edad de hielo. "Lo que entonces tomó milenios, ahora ocurre en apenas siglos", advirtió.
Los sedimentos del delta del Misisipi guardan la huella de aquel océano en expansión. Y aunque el paisaje cambió hace miles de años, su mensaje sigue vigente, cuando el hielo del norte se derrite, el mundo entero cambia con él.