Cientos de especies han desaparecido en los últimos siglos, pero un análisis reciente revela que la magnitud de la crisis actual no alcanza todavía el nivel de una extinción masiva como las registradas en la historia de la Tierra. La diferencia clave está en que las pérdidas de géneros y familias permanecen en cifras muy bajas.
El estudio, publicado en la revista PLOS Biology por John Wiens de la Universidad de Arizona y Kristen Saban de Harvard, revisó datos de más de 22.000 géneros de plantas y animales evaluados por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. Según los investigadores, solo 102 géneros se extinguieron desde el año 1500.
Aunque la cifra es preocupante, representa menos del 0,5 % del total de géneros analizados. Los científicos subrayan que la gravedad de la crisis no debe medirse solo en número de especies, sino en cómo estas pérdidas afectan a grupos taxonómicos más amplios y a la función ecológica global.
Extinciones en islas y diferencias con las crisis del pasado
Casi la mitad de las desapariciones de géneros ocurrieron en aves y mamíferos, y más de tres cuartas partes se concentraron en islas. Esto contrasta con extinciones masivas anteriores, donde se perdieron no solo especies aisladas, sino ecosistemas enteros en distintos continentes.
Los investigadores destacan que las tasas de extinción alcanzaron su punto máximo hace más de un siglo y han disminuido en las últimas décadas. Este hallazgo desafía estudios previos que sugerían una aceleración reciente a nivel de géneros.
Wiens señaló que, aunque la situación no constituye una amenaza inmediata para la supervivencia humana, la humanidad tiene la responsabilidad moral de frenar la desaparición de especies. “El problema no es si ponen en riesgo directo a los humanos, sino que estamos provocando una pérdida irreversible de vida”, afirmó.
Los autores insisten en que los resultados no minimizan la crisis actual, sino que permiten dimensionarla con mayor precisión. Evitar que las pérdidas de especies se conviertan en una extinción masiva real dependerá de las acciones de conservación en las próximas décadas.
Fuente: PLOS Biology