La NASA ha centrado su telescopio espacial James Webb en TRAPPIST-1 e, un exoplaneta rocoso de tamaño similar a la Tierra que orbita en la zona habitable de su estrella. Los científicos buscan establecer si este mundo podría contar con una atmósfera capaz de mantener agua líquida.
TRAPPIST-1 e es uno de los siete planetas que giran alrededor de una enana roja situada a unos 40 años luz. Su posición lo convierte en un candidato especial para estudios de habitabilidad, ya que recibe una cantidad de radiación comparable a la que la Tierra recibe del Sol.
Los primeros datos recogidos por el instrumento NIRSpec del Webb sugieren que el planeta probablemente no conserva su atmósfera primaria de hidrógeno y helio, debido a la intensa actividad de su estrella. Sin embargo, no se descarta que haya desarrollado una atmósfera secundaria más densa.
Este escenario resulta clave porque una atmósfera secundaria, rica en gases como el dióxido de carbono, podría crear un efecto invernadero estable y mantener agua líquida en la superficie. Los modelos plantean la posibilidad de un océano global o de áreas con agua rodeadas de hielo.
Debido al bloqueo por mareas, se cree que un lado del planeta permanece siempre iluminado y el otro en oscuridad perpetua. Esta característica condiciona su clima y la distribución potencial de agua, lo que lo hace aún más intrigante para los investigadores.
El equipo de la NASA también analizó si TRAPPIST-1 e presenta similitudes con Venus o Marte. Los resultados iniciales indican que su atmósfera no estaría dominada por dióxido de carbono de la misma manera que en esos planetas, aunque no se descarta su presencia en niveles moderados.
En los próximos meses se realizarán más observaciones para comparar los espectros de TRAPPIST-1 e con los de su vecino más cercano, TRAPPIST-1 b. Al estar seguro de que el planeta b carece de atmósfera, cualquier diferencia ayudará a precisar las características de e.
El objetivo es detectar señales químicas claras, como agua, metano o dióxido de carbono, que permitan comprender mejor la composición y dinámica de este planeta rocoso. Cada nuevo tránsito observado aumenta la precisión de los datos.
Para la comunidad científica, este estudio marca un avance decisivo en la exploración de exoplanetas habitables. El Webb permite analizar mundos pequeños y cercanos en un nivel de detalle nunca alcanzado antes.
Aunque todavía no hay pruebas definitivas de agua líquida en TRAPPIST-1 e, los resultados abren la puerta a descubrir cómo se forman y evolucionan las atmósferas en planetas similares al nuestro, y hasta qué punto podrían sostener vida.