El deshielo de los glaciares se ha convertido en uno de los motores más visibles del cambio climático. Según un reciente informe de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), publicado el 18 de septiembre de 2025, la pérdida de hielo en 2024 sumó 1,2 milímetros al nivel global del mar en tan solo un año.
El documento, disponible en wmo.int, señala que esta tendencia aumenta los riesgos de inundaciones para cientos de millones de personas que viven en zonas costeras, donde el aumento del nivel del mar ya ejerce presión sobre viviendas, cultivos y sistemas de agua potable.
Los hallazgos del informe
La OMM registró que 2024 fue el tercer año consecutivo de pérdida generalizada de glaciares en todas las regiones del planeta. La masa total perdida alcanzó las 450 gigatoneladas, equivalente a un bloque de hielo de siete kilómetros de alto, siete de ancho y siete de profundidad, o suficiente para llenar 180 millones de piscinas olímpicas.
El informe subraya que muchos glaciares pequeños han alcanzado el punto máximo de agua, momento en que la escorrentía anual es más alta antes de comenzar a disminuir por la contracción del glaciar. Esto indica que en varias regiones tropicales, como Colombia, los glaciares podrían desaparecer en las próximas décadas.
“El agua sustenta nuestras sociedades, impulsa nuestras economías y sustenta nuestros ecosistemas. Sin embargo, los recursos hídricos mundiales están bajo una presión cada vez mayor”, advirtió Celeste Saulo, Secretaria General de la OMM.
El análisis también reportó pérdidas récord en Escandinavia, Svalbard y el norte de Asia, mientras que el Ártico canadiense y la periferia de Groenlandia experimentaron descensos más moderados. En todas las regiones, la tendencia es negativa.
Consecuencias globales del deshielo
El incremento del nivel del mar intensifica las amenazas de inundaciones costeras, erosión y salinización de acuíferos. Ciudades como Yakarta, Miami, Alejandría o Shanghái enfrentan un futuro de vulnerabilidad creciente, con desplazamientos masivos de población como escenario plausible.
La OMM advierte que las consecuencias no son solo ambientales, sino también económicas y sociales. La pérdida de tierras agrícolas, el colapso de infraestructuras críticas y el aumento de migraciones climáticas forman parte de un panorama cada vez más difícil de gestionar.
El informe destaca que casi 3.600 millones de personas ya carecen de acceso adecuado al agua durante al menos un mes al año, y la cifra podría aumentar a 5.000 millones en 2050 si no se toman medidas urgentes.
Un ciclo del agua cada vez más errático
Además del deshielo, la OMM señala que el ciclo hidrológico se vuelve más extremo. En 2024, solo un tercio de las cuencas fluviales del planeta tuvo condiciones normales. El resto se situó por encima o por debajo de lo esperado, en un patrón de desequilibrio que lleva seis años consecutivos.
América del Sur y el sur de África sufrieron sequías severas, mientras que África central, Europa y partes de Asia registraron inundaciones históricas. En Brasil, por ejemplo, el contraste fue extremo: inundaciones catastróficas en el sur y sequía prolongada en la Amazonía.
El documento enfatiza la necesidad de reforzar la cooperación internacional en monitoreo y gestión del agua. “Sin datos, corremos el riesgo de actuar a ciegas”, advirtió Celeste Saulo, al insistir en la importancia de mejorar los sistemas de observación y compartir información entre países.
La OMM concluye que el mundo está lejos de cumplir los objetivos de desarrollo sostenible sobre agua y saneamiento. El deshielo de glaciares, el aumento del nivel del mar y el ciclo del agua cada vez más errático son señales de una crisis global que requiere respuestas inmediatas y coordinadas.