El cambio climático no solo altera las temperaturas y las lluvias, también está modificando la forma en que se producen las tormentas de granizo en Europa. Un nuevo estudio advierte que, aunque estas tormentas serán menos frecuentes, cuando ocurran podrían ser mucho más destructivas.
La investigación, publicada en la revista Nature Communications, fue liderada por expertos de la Universidad de Newcastle en colaboración con el Servicio Meteorológico Nacional del Reino Unido y la Universidad de Bristol. Los científicos utilizaron simulaciones climáticas de alta resolución a nivel continental para anticipar los escenarios futuros.
Los modelos muestran que el calentamiento global debilitará las corrientes ascendentes de las tormentas y la circulación atmosférica a gran escala. Esto reducirá la frecuencia de granizadas intensas en general, pero favorecerá la formación de granizos de mayor tamaño, capaces de causar daños muy superiores.
En la práctica, esto significa que las tormentas de granizo con piedras de más de 5 centímetros de diámetro podrían volverse más comunes en el sur de Europa. Un pequeño aumento en el tamaño de cada granizo es suficiente para multiplicar el impacto sobre cultivos, viviendas y vehículos.
El Dr. Abdullah Kahraman, investigador principal, destacó que el calentamiento podría provocar la aparición de tormentas de tipo tropical en el Mediterráneo. Estas tormentas “cálidas” permitirían que granizos muy grandes alcancen la superficie incluso en entornos donde antes se derretían antes de tocar tierra.
Según la profesora Lizzie Kendon, del Servicio Meteorológico del Reino Unido, estas conclusiones son preocupantes porque muestran que países como Italia, Grecia y España enfrentarán un riesgo creciente. Aunque en el norte de Europa la probabilidad de granizo gigante seguirá siendo baja, el Mediterráneo podría convertirse en un foco de tormentas destructivas.
La profesora Hayley Fowler añadió que la sociedad europea debe prepararse para fenómenos extremos sin precedentes. Los granizos gigantes ya han causado en los últimos años graves pérdidas en infraestructuras, cosechas y hasta aeronaves. Con un clima más cálido, esos daños podrían volverse más habituales.
El análisis también muestra diferencias regionales, mientras que Europa Central y las Islas Británicas podrían experimentar menos granizadas severas, el sur de Europa tendrá un incremento en otoño e invierno que compensará las caídas de primavera y verano. Esto plantea retos para la agricultura y la seguridad urbana.
El estudio concluye que es esencial realizar más investigaciones sobre estas tormentas de tipo cálido y su capacidad de generar granizos gigantes. Los científicos insisten en que debemos reforzar las estrategias de adaptación, porque aunque las granizadas sean menos frecuentes, cada episodio tendrá un coste mucho mayor para la población y la economía europea.