La demostración se realizó en el Campo de Pruebas de Misiles White Sands, en Nuevo México. Durante el ensayo, emisor y receptor se mantuvieron en tierra firme, logrando por primera vez una transmisión de energía óptica con suficiente potencia para alimentar pequeños aparatos.
El sistema se enmarca en el programa Persistent Optical Wireless Energy Relay (POWER). Su objetivo es superar la barrera del “último kilómetro”, donde los métodos tradicionales de transporte de energía —como tendidos eléctricos o combustible— resultan inviables o peligrosos.
El receptor, conocido como Power Receiver Array Demo (PRAD), utilizó una apertura mínima para canalizar el haz hacia un espejo parabólico. La luz se distribuyó sobre una matriz de células solares fotovoltaicas que convirtieron el 20 % de la energía en electricidad aprovechable.
Aunque la eficiencia es limitada, la agencia destacó que fue suficiente para demostrar la viabilidad del concepto. Parte de la energía se usó en la práctica para encender equipos de baja potencia durante la prueba, validando su aplicación inicial en operaciones críticas.
La tecnología está aún en fase inicial. DARPA prevé que en etapas posteriores se utilicen relés instalados en drones de gran altitud o aeronaves, capaces de transportar la energía a mayores distancias y superar obstáculos terrestres y atmosféricos.
El plan a futuro contempla la posibilidad de transmitir hasta 10 kilovatios en distancias cercanas a los 200 kilómetros. De lograrse, se abriría la puerta a redes energéticas sin cables que funcionarían incluso en regiones aisladas o en contextos de emergencia.
El avance también responde a necesidades militares y de ayuda humanitaria. Una red óptica de transmisión energética reduciría la dependencia de rutas de suministro y podría abastecer a hospitales de campaña, bases remotas o comunidades aisladas en cuestión de minutos.
La investigación de DARPA marca un antes y un después en el debate sobre el futuro del cobre. Aunque el metal seguirá teniendo usos estratégicos, la electricidad sin cables aparece como un desafío directo a su hegemonía en la infraestructura energética global.