El clima terrestre ha oscilado entre períodos fríos y cálidos durante millones de años. Sin embargo, los llamados interglaciares tibios —que ocurrieron entre hace 800.000 y 430.000 años— fueron sorprendentemente más fríos que los posteriores. Un nuevo estudio del Centro Helmholtz GEOMAR de Kiel, en Alemania, ha encontrado la razón, el Océano Antártico actuó como un freno natural del clima al retener grandes cantidades de carbono.
El trabajo, liderado por el Dr. Huang Huang y publicado en la revista Nature Communications, demuestra que una mayor estratificación del océano —es decir, una menor mezcla entre sus capas— permitió que más carbono permaneciera atrapado en las profundidades en lugar de liberarse a la atmósfera. Esto redujo la concentración de CO₂ y, con ello, el efecto invernadero global.
“Nuestros datos muestran por primera vez que la estratificación más fuerte del Océano Antártico fue decisiva para mantener esos períodos cálidos más fríos”, explicó Huang, quien completó su doctorado en GEOMAR y actualmente trabaja en el Laboratorio Laoshan de Qingdao, en China.
Los investigadores analizaron una corteza de ferromanganeso recuperada a 1.600 metros de profundidad en el margen continental antártico. Estas formaciones crecen extremadamente despacio y conservan en su estructura química la huella del agua de mar a lo largo de cientos de miles de años, actuando como un archivo natural del clima.
Para estudiar su composición, el equipo utilizó una innovadora técnica láser conocida como ablación láser 2D, que permite analizar con precisión isótopos de plomo en microfragmentos del material. Estos isótopos ofrecen información sobre cómo se mezclaban las capas oceánicas en distintos momentos del pasado.
El físico Jan Fietzke, director del laboratorio de espectrometría LA-ICP-MS de GEOMAR, destacó que esta metodología abre una nueva ventana para reconstruir la historia climática con gran detalle. “Nos permite comprender mejor el papel del Océano Antártico en el ciclo global del carbono y anticipar su impacto en el futuro”, señaló.
Los resultados muestran que, durante esos interglaciares más antiguos, las aguas del sur del planeta se mezclaban menos. Esto mantuvo el carbono “encerrado” en las profundidades, reduciendo las temperaturas globales y favoreciendo el crecimiento de las capas de hielo antártico. Fue un mecanismo natural de enfriamiento planetario que se perdió tras el evento Mid-Brunhes, hace unos 430.000 años.
Según los autores, este hallazgo subraya cómo los procesos oceánicos internos pueden controlar el clima global a largo plazo. Comprenderlos es clave para mejorar los modelos que predicen el calentamiento actual y el futuro papel del océano en el ciclo del carbono.