Durante décadas, los geólogos pensaron que los pliegues en las capas de roca actuaban como puntos frágiles que facilitaban rupturas sísmicas. Estas formaciones, comparables a un milhojas, parecían zonas propensas a ceder bajo presión extrema en las profundidades de la corteza.
Un equipo de la Universidad de Tohoku, liderado por Hiroyuki Nagahama y Jun Muto, demostró lo contrario en laboratorio. Utilizando biotita, un mineral común en la corteza, observaron que bajo ciertas condiciones los pliegues aumentaban la resistencia del material en lugar de reducirla.
El fenómeno se conoce como “reforzamiento por torsión” y había sido estudiado en materiales industriales, pero nunca se había confirmado con claridad en rocas naturales. Cuando las bandas de pliegue cumplen una conexión geométrica específica, la roca se comporta como si tejiera un escudo interno contra las fracturas.
Los investigadores también encontraron ejemplos similares en formaciones reales. Desde pequeños pliegues microscópicos hasta megapliegues de kilómetros en California o Rhode Island mostraron características que podrían reforzar localmente la corteza, alterando cómo se distribuyen las rupturas sísmicas en un terremoto.
Este hallazgo abre un nuevo ángulo para la evaluación de riesgos sísmicos. Si ciertas regiones contienen pliegues capaces de fortalecer la corteza, la probabilidad de fracturas podría cambiar drásticamente, ofreciendo pistas para modelos más precisos en zonas propensas a sismos.
Publicado en Scientific Reports, el trabajo no solo redefine cómo vemos la mecánica de la corteza terrestre, también recuerda que la naturaleza es capaz de esconder fortalezas en lo que antes considerábamos debilidades. Y ese cambio de perspectiva puede tener un impacto real en la seguridad de millones de personas.