Un fósil diminuto, de apenas cinco centímetros, hallado en Alberta, Canadá, obligó a revisar una historia que parecía cerrada. Lo llamaron Acronichthys maccagnoi. Con 67 millones de años a cuestas, conservaba intactos los huesos del oído medio, el famoso aparato weberiano. Y eso lo convirtió en una pieza clave.
Hasta ahora, se creía que los peces otófisos habían hecho un único salto a agua dulce hace 180 millones de años, antes de que Pangea se partiera. Pero el nuevo análisis contradice esa versión: la transición ocurrió más tarde y, lo más sorprendente, en más de una ocasión. “El ancestro común más reciente fue marino, no de agua dulce”, explicó Juan Liu, paleontólogo de la Universidad de California en Berkeley. “Hubo al menos dos incursiones posteriores en ríos y lagos”.
El aparato weberiano es lo que marcó la diferencia. Estos pequeños huesos conectan la vejiga natatoria con el oído interno y permiten escuchar frecuencias altas, cercanas al rango humano. Un pez marino oye solo graves. Un pez cebra, descendiente moderno de este linaje, escucha casi como nosotros. El fósil canadiense demuestra que esta ventaja auditiva ya estaba en marcha en el Cretácico tardío.
La cronología también cambió. El equipo situó el origen del rasgo en unos 154 millones de años, en el Jurásico tardío, no 180 millones como se pensaba. Ese ajuste reacomoda la historia evolutiva de los peces de agua dulce y cuestiona décadas de consenso científico.
Para llegar a estas conclusiones, los investigadores combinaron escaneos 3D, datos genómicos y modelos auditivos. El resultado: Acronichthys maccagnoi percibía sonidos entre 500 y 1.000 hercios, casi al nivel de un pez cebra moderno. En otras palabras, ya escuchaba bastante bien para un pez del Cretácico.
El fósil fue recolectado durante seis campañas de campo por el ictiólogo Michael Newbrey y hoy descansa en el Museo Royal Tyrrell, en Drumheller. Allí, silencioso, guarda la huella de un salto evolutivo que no ocurrió una sola vez, sino en oleadas repetidas desde el mar hacia los ríos.
“La nueva especie aporta información crucial”, resumió Newbrey. “Ahora entendemos que la historia no fue lineal, sino mucho más compleja. Simplemente cobra más sentido”.