El gran apagón que dejó a España y Portugal sin luz el 28 de abril todavía resuena en la memoria europea. La investigación de ENTSO-E concluyó que la red continental tardó más de seis horas en estabilizarse. Un tiempo demasiado largo que dejó en evidencia la falta de capacidad de respuesta.
La vulnerabilidad no es exclusiva de la Península Ibérica. Según IEEFA, Europa arrastra un déficit de inversión en redes que limita la integración de proyectos renovables. Y lo peor, aumenta el riesgo de cortes prolongados. El sistema actual no acompasa la velocidad con la que crecen la solar y la eólica.
En 2024, más de tres veces la capacidad necesaria para cumplir los objetivos climáticos de 2030 quedó bloqueada en colas de conexión. Parques solares, granjas eólicas y baterías esperan luz verde para operar. Energía limpia desperdiciada, frustración creciente entre los desarrolladores.
El informe de IEEFA junto a Ember y Beyond Fossil Fuels advierte que no basta con ampliar las redes. Hay que volverlas inteligentes. Se necesitan sistemas capaces de responder en segundos, con flexibilidad y almacenamiento, si se quiere garantizar un suministro estable en plena transición energética.
La Comisión Europea reconoce la magnitud del desafío. Calcula que solo la red de transmisión de la UE requerirá al menos 477.000 millones de euros de aquí a 2040. Eso implica casi duplicar el gasto actual, que ronda los 250.000 millones al año.
Algunos países empiezan a moverse. Italia marcó un precedente en julio al emitir bonos verdes para financiar su red eléctrica. La demanda fue cinco veces superior a la oferta. Una señal clara, el capital está dispuesto a respaldar infraestructuras críticas si existen garantías regulatorias.
Más allá del dinero, los procesos de conexión necesitan modernizarse. En varios estados, la burocracia agrava las colas y retrasa proyectos viables. Sin cambios, Europa podría acumular excedentes renovables desconectados mientras recurre al gas o al carbón para cubrir la demanda en horas punta.
El apagón ibérico fue un aviso. Si incluso países con redes avanzadas pueden quedar a oscuras durante horas, el resto del continente debe asumir que el riesgo es real. La resiliencia no puede depender solo de la generación, también requiere transporte fiable y capacidad de respuesta inmediata.
Con inversiones adecuadas, concluye IEEFA, Europa puede evitar apagones masivos y aprovechar al máximo la energía renovable. La red dejaría de ser el eslabón débil para convertirse en la columna vertebral de la neutralidad climática y de la seguridad energética europea.