El virus chikungunya no mata con frecuencia, pero deja huella, fiebre intensa y un dolor articular que puede durar meses. Lo común es escuchar su nombre en Asia, África o Sudamérica, aunque en septiembre llegó a Nueva York con un caso confirmado en Long Island.
Los Centros para el Control de Enfermedades emitieron avisos a viajeros hacia Cuba, Bangladesh, Kenia o Sri Lanka. En China, un episodio en Guangdong obligó a fumigar barrios enteros y a poner en cuarentena a los sospechosos. El zumbido del mosquito no avisa, pero cambia vidas.
En este contexto, investigadores de la Universidad de Notre Dame decidieron mirar atrás. Analizaron más de 80 episodios de chikungunya, creando la base comparativa más grande hasta ahora. Querían entender qué hace que una ola de contagios sea leve y otra se dispare con miles de enfermos.
“Los brotes de chikungunya son imprevisibles”, explicó Alex Perkins, epidemiólogo de Notre Dame. “Un escenario puede dejar solo unos pocos enfermos y otro, en condiciones similares, contagiar a decenas de miles”. La aleatoriedad, dijo, también forma parte de la historia.
Un mapa para la ciencia y las vacunas
El estudio, publicado en Science Advances, revela que el clima no es el único factor. La temperatura y la lluvia indican dónde podrían aparecer casos, pero no predicen la magnitud. Lo que realmente pesa es la densidad de mosquitos, la calidad de la vivienda o la rapidez de la respuesta comunitaria.
Alexander Meyer, autor principal, comparó los 86 registros históricos y encontró patrones comunes. Algunos episodios se disparan sin aviso, otros se disipan antes de alcanzar escala regional. Con ese contraste, los científicos esperan anticipar dónde y cuándo será más útil ensayar vacunas.
Hoy solo existen dos vacunas aprobadas, pero no están disponibles de manera amplia en las zonas de mayor riesgo. Para probar nuevas candidatas, los fabricantes necesitan saber dónde ocurrirá la próxima epidemia. Y este conjunto de datos puede ser la brújula que faltaba.
En otras palabras, la ciencia avanza, pero la carrera contra el virus sigue abierta.