Científicos del Instituto de Ciencia Básica (IBS) y del Instituto Nacional de Ciencia y Tecnología de Ulsan (UNIST), en Corea del Sur, sorprendieron al mundo al crear diamantes sintéticos en apenas 15 minutos. El proceso emplea microondas y gas metano, y funciona a presión atmosférica, lo que supone un giro radical respecto a los métodos tradicionales.
Hasta ahora, la producción de diamantes requería reproducir las condiciones extremas del interior de la Tierra: 5.000 megapascales de presión y 1.500 grados Celsius de temperatura. Ese entorno hacía que el proceso resultara caro y limitado en escala. El nuevo enfoque, en cambio, prescinde de esas exigencias y consigue resultados en tiempos récord.
Los investigadores se apoyaron en la técnica de Deposición de Vapor Químico (CVD), ya conocida en la industria, pero la modificaron para que pudiera operar en condiciones normales. Gracias a la acción de las microondas, los átomos de carbono del metano se organizaron de manera más eficiente en estructura cristalina.
Cómo funciona la técnica con microondas y gas metano
El procedimiento consiste en bombardear una mezcla de metano con microondas de alta potencia, provocando que los átomos de carbono se depositen sobre una superficie y formen un diamante. A diferencia de procesos previos, no requiere cámaras reforzadas ni un gasto energético excesivo.
La rapidez es su mayor ventaja. Si un diamante natural necesita miles de millones de años para formarse bajo tierra, este método lo consigue en minutos. El resultado es un cristal sintético con propiedades muy similares a los diamantes extraídos de forma natural.
Aplicaciones industriales y médicas
Los diamantes no solo se valoran por su uso en joyería. En la industria pesada son imprescindibles para cortar y pulir materiales ultraduros. También se aplican en semiconductores avanzados y hasta en medicina, donde los bisturís con filo de diamante permiten realizar cirugías oftalmológicas de alta precisión.
La posibilidad de fabricarlos de manera rápida y económica abre la puerta a una producción en masa que reduciría costes y ampliaría las aplicaciones. Los expertos creen que el hallazgo podría marcar un antes y un después en sectores estratégicos que requieren este material.
“Este descubrimiento es un punto de partida. A partir de ahora veremos configuraciones experimentales aún más innovadoras”, señaló Rodney Ruoff, profesor del UNIST y uno de los líderes del proyecto. Su expectativa es que la técnica pueda escalarse pronto para uso industrial.
El reto de la sostenibilidad
El método no está exento de desafíos. A pesar de que reduce el gasto energético y elimina la necesidad de altas presiones, todavía requiere grandes cantidades de carbono como materia prima. Este factor genera preocupación en un momento en que la comunidad científica busca limitar las emisiones asociadas a este elemento.
Resolver el impacto ambiental será clave para que la técnica pueda consolidarse como alternativa sostenible. Por ahora, los investigadores destacan que el consumo de energía es menor que en los sistemas convencionales y que el margen de mejora es amplio.