Estados Unidos y China comenzaron a aplicar tarifas portuarias adicionales que golpean directamente a las empresas de transporte marítimo. Las nuevas medidas, en vigor desde este martes, encarecen los costos de carga en rutas que mueven desde petróleo hasta productos de consumo masivo.
El anuncio llega tras semanas de tensión. Pekín respondió a las sanciones impuestas por Washington con un esquema de tarifas propio, que grava los buques de propiedad o bandera estadounidense, aunque exime a los construidos en China o que ingresen vacíos para reparaciones en astilleros nacionales.
Mientras tanto, el gobierno de Donald Trump justificó su decisión como una estrategia para reducir la dependencia del sector marítimo chino y fortalecer la construcción naval estadounidense. China, en cambio, calificó las medidas de "prácticas erróneas" y pidió rectificarlas de inmediato.
Las consecuencias no tardaron en reflejarse en los mercados. Analistas prevén que los costos logísticos globales se incrementen a medida que las navieras ajusten precios y rutas. Empresas como COSCO podrían asumir pérdidas millonarias si las tarifas se mantienen durante 2026.
La medida también alcanzó al constructor naval surcoreano Hanwha Ocean, sancionado por Pekín por supuestamente colaborar con investigaciones estadounidenses sobre las prácticas comerciales chinas. Sus acciones se desplomaron casi un 6% en la bolsa de Seúl tras el anuncio.
Expertos en comercio internacional advierten que esta espiral de sanciones y represalias podría alterar los flujos marítimos globales y elevar los precios del transporte. “Es una guerra económica que se libra mar adentro”, comentó un analista con sede en Shanghái.
Aunque ambas potencias insisten en mantener canales de diálogo abiertos, la rivalidad por el control del comercio marítimo revela un cambio profundo en el equilibrio económico mundial. El mar, una vez símbolo de intercambio y cooperación, se ha convertido en un nuevo campo de disputa.
Fuente: Reuters