Las exportaciones de China crecieron un 8,3 % interanual en septiembre, superando con amplitud las previsiones de los analistas y registrando su mejor ritmo desde marzo. El repunte se debe, sobre todo, al aumento de las ventas hacia el sudeste asiático, África y América Latina, que compensaron la caída de los envíos a Estados Unidos.
El dato sorprendió a los mercados, que esperaban un crecimiento mucho más modesto, pero la reacción fue contenida. Las nuevas amenazas arancelarias del presidente estadounidense Donald Trump han devuelto la tensión a las relaciones bilaterales y generado dudas sobre la estabilidad de las cadenas de suministro.
La segunda economía del mundo ha intentado reducir su dependencia del mercado estadounidense, diversificando destinos y productos. Sin embargo, los analistas advierten que un nuevo ciclo de sanciones podría neutralizar los avances logrados en los últimos meses.
Trump ha insinuado aranceles de hasta tres dígitos en respuesta a las restricciones chinas sobre las exportaciones de tierras raras, un recurso clave para la industria tecnológica. La amenaza, de concretarse, asestaría un golpe directo a los fabricantes chinos y a la confianza global.
En Pekín, el optimismo inicial por el repunte exportador se ha visto atenuado por el temor a un nuevo choque comercial que podría frenar el crecimiento y forzar a las autoridades a lanzar más medidas de estímulo interno.
Las tensiones comerciales vuelven a escalar entre Pekín y Washington
La disputa entre ambas potencias ha vuelto a ocupar el centro del escenario económico mundial. Trump acusa a China de manipular los mercados de minerales estratégicos, mientras que Pekín asegura que solo busca proteger sus recursos críticos frente a la sobreexplotación.
Los economistas advierten que esta escalada podría golpear especialmente a los pequeños exportadores chinos, que ya operan con márgenes mínimos. La presión se multiplica en un contexto de consumo interno débil y una inflación cercana a cero, que deja poco margen para absorber nuevos costes.
Aunque algunos analistas creen posible una distensión temporal antes de la cumbre de la APEC en Corea del Sur, otros advierten que el conflicto se ha convertido en una constante estructural. El comercio, dicen, sigue siendo el campo de batalla donde se mide el poder global.