Un estudio científico exhaustivo ha revelado que los pozos de petróleo y gas abandonados en Canadá emiten 230,000 toneladas de metano anualmente, una cifra que supera dramáticamente las estimaciones oficiales del gobierno canadiense por un factor de siete. Esta investigación, basada en mediciones directas de 494 pozos no productivos en cinco provincias, expone una brecha crítica en el monitoreo ambiental que podría comprometer los objetivos nacionales de reducción de gases de efecto invernadero.
Los investigadores documentaron que más de 400,000 pozos no productivos están distribuidos por todo Canadá, representando más del 70% de todos los pozos de petróleo y gas del país. La mayoría se concentra en Alberta (74%), Saskatchewan (16%), Ontario (5%) y Columbia Británica (4%), creando un paisaje de infraestructura petrolera abandonada con impactos ambientales significativos y mal cuantificados hasta ahora.
El estudio reveló patrones preocupantes en la distribución de emisiones: apenas el 12% de los pozos con mayores emisiones representan el 98% de las fugas de metano desde las cabezas de pozo, mientras que el 2.1% de los emisores más altos contribuyen con el 98% de las emisiones desde el venteo de revestimiento superficial. Esta concentración extrema significa que un pequeño porcentaje de pozos problemáticos está generando la mayor parte del daño ambiental.
Las mediciones directas mostraron que Alberta presenta los caudales medios más altos tanto en cabezas de pozo como en sistemas de venteo, con emisiones que varían dramáticamente entre regiones. La región de Medicine Hat en Alberta registró caudales 3,000 veces superiores a los de Dawson Creek en Columbia Británica, ilustrando la variabilidad geográfica extrema en la intensidad de las fugas de metano.
Los pozos no taponados adecuadamente representan el mayor riesgo ambiental, con emisiones de venteo superficial 25 veces superiores en pozos destapados comparados con pozos sellados. Los pozos de gas natural mostraron tasas de emisión significativamente mayores que los pozos petroleros, con flujos de metano 44 veces superiores en promedio, sugiriendo que el tipo de hidrocarburo extraído influye directamente en el potencial de contaminación posterior.
El análisis de atributos reveló que la ubicación geográfica es el factor más consistente para predecir emisiones altas, seguido por el estado de taponamiento del pozo y el tipo de fluido extraído. Contrariamente a estudios previos, factores como la profundidad, edad del pozo y densidad de perforación mostraron correlaciones inconsistentes, sugiriendo que los procesos de fuga son más complejos de lo anteriormente asumido.
Las implicaciones para la política climática canadiense son sustanciales, ya que estas emisiones no contabilizadas representan el 13% del total de emisiones fugitivas de los sistemas de petróleo y gas natural del país. La subestimación sistemática en los inventarios nacionales compromete la precisión de los compromisos climáticos internacionales de Canadá y sugiere que las estrategias de mitigación requieren reenfoque urgente hacia la remediación de pozos abandonados.
Los investigadores estiman que existen 49,446 pozos adicionales no documentados en bases de datos oficiales, con el 61% ubicados en Ontario, lo que sugiere que las emisiones reales podrían ser aún mayores. Esta infraestructura oculta, perforada antes de que entraran en vigor las regulaciones modernas, representa un legado ambiental no cuantificado que requiere identificación y monitoreo sistemático para evaluar completamente el alcance de la contaminación por metano.