Inundaciones, incendios o huracanes marcan la vida de millones de personas cada año, pero no siempre generan una mayor preocupación por el clima. Lo determinante, según un nuevo estudio, es si la gente asocia estos eventos con el cambio climático.
El trabajo, liderado por la Universidad SWPS de Polonia junto a un consorcio internacional, encuestó a ciudadanos de 68 países y cruzó sus percepciones con datos objetivos de exposición a desastres naturales. Este enfoque permitió comparar experiencias reales con creencias personales.
Un análisis global de percepciones y realidades
Los investigadores utilizaron la plataforma CLIMADA para calcular qué poblaciones estuvieron más expuestas a fenómenos extremos en la última década. Luego, contrastaron esos datos con encuestas que preguntaban si las personas atribuían estos eventos al calentamiento global.
El resultado mostró que la mera exposición no basta, quienes creían que las tormentas o incendios estaban causados por el cambio climático eran mucho más propensos a apoyar medidas de mitigación. Lo sorprendente es que esto ocurría incluso en lugares donde los episodios eran poco frecuentes.
El vínculo entre percepciones y políticas climáticas
El apoyo público se concentró en medidas como la protección de bosques y la inversión en energías renovables. Más del 80 % de los encuestados se mostró a favor de estas iniciativas, reflejando un consenso global amplio en torno a la protección de recursos naturales.
En cambio, los impuestos al carbono generaron un fuerte rechazo, solo el 22 % apoyó gravar los alimentos con alta huella de carbono y el 29 % los combustibles fósiles. Aquí la percepción de justicia social influyó más que la conciencia climática, pues muchas personas lo asociaron a un castigo económico directo.
La investigación advierte que los gobiernos deben diseñar políticas realistas. Las más coercitivas suelen ser impopulares, mientras que aquellas que refuerzan bienes comunes reciben mayor aceptación ciudadana y crean un terreno más fértil para la acción climática a largo plazo.
Diferencias regionales y sociales en la conciencia climática
Los países africanos y asiáticos presentaron los niveles más altos de apoyo a la acción climática, mientras que Europa mostró un compromiso intermedio y Rusia se situó en los niveles más bajos. Estas diferencias reflejan desigualdades en la exposición y en la percepción del riesgo climático.
Entre los factores sociodemográficos destacan los hombres jóvenes, con mayor educación, ingresos más altos y que viven en ciudades, como los más proclives a respaldar regulaciones ambientales. El nivel de religiosidad y el poder adquisitivo también jugaron un papel importante en las respuestas.
Un cambio de paradigma en la acción climática
El estudio concluye que lo crucial no es haber vivido un desastre, sino cómo lo interpretamos. Si se percibe como un síntoma del cambio climático, se fortalece el apoyo social a políticas verdes. En cambio, cuando se ve como un evento aislado, la conciencia climática apenas varía y la acción colectiva se debilita.