El encuentro entre Donald Trump y Xi Jinping en Corea del Sur dejó un resultado que Washington considera una pequeña victoria diplomática, China acordó retrasar durante un año la entrada en vigor de su nueva ronda de controles a las exportaciones de tierras raras, materiales esenciales para la industria tecnológica y militar. Pero el gesto no implica una marcha atrás en las restricciones ya vigentes.
El anuncio de Pekín llegó horas después de la cumbre, cuando el Ministerio de Comercio confirmó que suspenderá temporalmente los controles previstos para octubre. Según Trump, el entendimiento “mantiene el flujo de exportaciones y estabiliza el comercio”, aunque los analistas subrayan que se trata de una tregua limitada, no de un acuerdo estructural.
Las tierras raras, un grupo de 17 elementos cruciales para fabricar imanes, chips y componentes de defensa, se han convertido en un punto de presión estratégica. China domina más del 80 % del suministro mundial y, en los últimos meses, ha utilizado esa posición para marcar su poder en la rivalidad con Estados Unidos.
Las restricciones impuestas por Pekín en abril provocaron interrupciones inmediatas en la cadena automotriz y en la industria aeroespacial, obligando a varias compañías a pausar la producción. La suspensión anunciada ahora no afecta a esas medidas previas, que seguirán vigentes al menos hasta 2026.
China cede en el calendario, no en el control
El comunicado chino evita mencionar una reversión de las normas más duras, limitándose a hablar de una “revisión técnica del marco de exportaciones”. Para el economista Tim Zhang, con sede en Singapur, la maniobra es “una estabilización táctica” que permite a Pekín mostrarse flexible sin perder control. “China conserva la capacidad de cerrar el grifo cuando quiera”, señaló.
En el entorno de Trump, la interpretación fue más optimista. El representante comercial estadounidense, Jamieson Greer, aseguró que “China no impondrá las nuevas restricciones anunciadas este mes”. Sin embargo, evitó referirse a los controles anteriores, los mismos que han puesto en jaque a los fabricantes de automóviles eléctricos y a la industria de defensa estadounidense.
El resultado de la cumbre no altera la dependencia global de las tierras raras chinas, pero ofrece un alivio inmediato a los mercados. Los precios de varios minerales estratégicos, como el neodimio y el disprosio, cayeron ligeramente en las horas posteriores al anuncio, reflejando la percepción de que, al menos por ahora, el suministro no se verá interrumpido.
Aun así, la prórroga no disipa la tensión de fondo. Washington continúa buscando diversificar su acceso a estos materiales mediante alianzas con Australia, Canadá y varios países africanos. Para China, mantener la iniciativa sobre un recurso tan crucial sigue siendo una carta de poder en un tablero comercial cada vez más complejo.
En el juego de la rivalidad estratégica, Pekín no cedió terreno. Solo cambió el ritmo de la partida.