La selva amazónica vivió en 2024 su temporada de incendios más destructiva en más de veinte años. Un estudio del Centro Común de Investigación de la Comisión Europea, publicado por la Unión Europea de Geociencias, revela que el fuego ya degrada más bosque que la propia deforestación, marcando un cambio histórico en la dinámica ambiental del mayor ecosistema tropical del planeta.
Según los datos del estudio, los incendios liberaron aproximadamente 791 millones de toneladas de dióxido de carbono, una cifra equivalente a las emisiones anuales de Alemania. En total, se quemaron 3,3 millones de hectáreas de selva, impulsadas por una combinación de sequías extremas, fragmentación del hábitat y malas prácticas de manejo de tierras.
Los autores, liderados por el investigador Vincent Bourgoin, subrayan que la degradación causada por el fuego está erosionando la integridad ecológica de la Amazonía, incluso en zonas donde la tala directa se ha reducido. “Estos incendios están transformando ecosistemas que, en apariencia, parecen intactos desde el aire, pero que pierden gran parte de su capacidad para almacenar carbono y mantener la biodiversidad”, advierte el informe.
Por primera vez, el fuego supera a la deforestación como principal fuente de emisiones de carbono en la región. Los bosques degradados por incendios retienen menos humedad, se vuelven más vulnerables y pueden colapsar en un ciclo de retroalimentación que acelera el cambio climático.
El fuego avanza incluso en áreas protegidas
El estudio destaca que en Brasil los incendios alcanzaron su nivel más alto desde 2004, afectando incluso reservas y parques nacionales. En Bolivia, el fuego destruyó cerca del 9% de la cubierta forestal intacta restante, un golpe devastador para los ecosistemas locales.
Mediante una nueva metodología satelital, el equipo combinó datos del Sistema Global de Información sobre Incendios Forestales y el monitoreo del Bosque Húmedo Tropical. Con este enfoque, lograron eliminar errores comunes y detectar con precisión áreas degradadas que no se contabilizaban en estudios anteriores.
Los investigadores advierten que, si no se actúa de forma coordinada, el daño podría volverse irreversible. Proponen limitar el uso del fuego en prácticas agrícolas, reforzar la protección forestal y ampliar los fondos internacionales destinados a restaurar áreas degradadas.
Un llamado urgente a la acción global
El informe pide reconocer la degradación forestal como un problema tan grave como la deforestación, e incluirla en los mecanismos internacionales de financiamiento climático. Las comunidades indígenas y locales, que mantienen prácticas sostenibles de manejo del fuego, son señaladas como actores clave para revertir la tendencia.
Los autores concluyen que los incendios de 2024 marcan un punto de inflexión en la historia de la Amazonía. Su futuro dependerá de la capacidad de los gobiernos, científicos y poblaciones locales para frenar una degradación que amenaza con convertir la selva más grande del mundo en una fuente neta de carbono.