Un equipo internacional de investigadores ha demostrado que los bosques tratados con planes de gestión forestal presentan una reducción del 88 % en la incidencia de incendios de alta gravedad. El estudio, publicado en la revista Frontiers in Forests and Global Change, también muestra que estos ecosistemas logran recuperar sus reservas de carbono en apenas siete años, incluso tras sequías prolongadas.
Los científicos analizaron 216 proyectos de reducción de combustible en la Sierra Central de California, una región marcada por megaincendios recientes como los de Dixie y Caldor. Al comparar bosques gestionados con áreas intactas, comprobaron que los primeros no solo resistían mejor al fuego, sino que mantenían mayor estabilidad en sus reservas de carbono vivo.
La investigación destaca que los tratamientos de mayor extensión o con mantenimiento posterior, como quemas prescritas o raleos adicionales, ofrecieron los beneficios más sólidos en términos de resiliencia forestal y protección climática.
Según los autores, la supresión histórica de incendios en el oeste de Estados Unidos ha creado una “deuda forestal” que aumenta el riesgo de megaincendios devastadores. Sin una intervención humana que restaure los regímenes naturales de fuego, muchos bosques adaptados podrían transformarse en ecosistemas no forestales incapaces de regenerarse.
“Tras 130 años de extinción de incendios, la pregunta no es si estos bosques arderán, sino cuándo y dónde”, afirmó Katharyn Duffy, científica sénior de Vibrant Planet. La experta subrayó que el cambio climático intensifica un escenario donde cada año diferentes estados enfrentan catástrofes forestales.
El autor principal, Ethan Yackulic, añadió que los modelos tradicionales ya no alcanzan para predecir el comportamiento de los incendios extremos. Por ello, los experimentos naturales en bosques gestionados permiten medir con precisión cómo las intervenciones humanas modifican la severidad de los fuegos.
Más allá de la reducción del riesgo inmediato, los investigadores destacan que la gestión forestal proactiva genera un beneficio adicional, mantener el carbono fuera de la atmósfera, un servicio clave para mitigar el cambio climático. En siete años, los bosques tratados alcanzaron o superaron los niveles de carbono de las áreas no tratadas.
Sophie Gilbert, directora de Estrategia Científica en Vibrant Planet, señaló que estos resultados permiten a los gestores de tierras calibrar dónde, cuánto y con qué intensidad aplicar tratamientos, convirtiéndose en una herramienta de planificación ambiental de alto impacto.
El estudio refuerza la idea de que restaurar la relación entre humanos y bosques es una inversión estratégica. No solo disminuye el riesgo de megaincendios, sino que preserva agua, biodiversidad y estabilidad climática, garantizando beneficios ecosistémicos de largo plazo para las comunidades del oeste de Estados Unidos.