Un equipo internacional de paleontólogos ha encontrado nuevas pruebas de que los dinosaurios depredadores gigantes de África, como el Spinosaurus, tuvieron sus raíces en Europa. El hallazgo se basa en el reexamen de fósiles del dinosaurio Camarillasaurus cirugedae, encontrados en la provincia española de Teruel.
El Spinosaurus, que llegó a medir hasta 18 metros de longitud, ha sido considerado uno de los mayores depredadores conocidos. Sin embargo, los nuevos restos españoles sugieren que su linaje se originó en el continente europeo hace unos 128 millones de años, durante el Cretácico Inferior.
El fósil de Camarillasaurus se descubrió hace más de una década y fue clasificado inicialmente como un ceratosaurio. Esta interpretación resultó extraña para la comunidad científica, ya que situaba a este grupo en un tiempo y lugar inesperados.
Durante una nueva campaña de excavación, el paleontólogo Oliver Rauhut, de la Colección Estatal de Paleontología y Geología de Baviera, junto con colegas de la Universidad de Zaragoza, recuperó nuevos restos, fragmentos de mandíbula, vértebras, un diente, un fémur y una garra. Estos materiales permitieron una reevaluación del dinosaurio.
El análisis mostró similitudes claras entre la mandíbula de Camarillasaurus y las de los espinosaurios africanos. Esto indica que el dinosaurio aragonés estaba emparentado con el linaje que más tarde daría lugar a los colosales depredadores de África.
“Nuestros análisis filogenéticos sugieren que varios espinosaurios ibéricos formaban parte del linaje evolutivo que dio origen a los gigantes africanos”, explicó Rauhut en la publicación científica. “Sospechamos que estos depredadores se originaron en Europa antes de expandirse a otros continentes”.
En la península ibérica, los restos de espinosaurios son relativamente comunes, sobre todo en forma de dientes aislados encontrados en depósitos continentales. Estas evidencias apuntan a que los primeros espinosaurios vivían en entornos terrestres y cazaban en tierra firme.
Por el contrario, el Spinosaurus africano se interpreta hoy como un dinosaurio adaptado al agua, especializado en la caza de peces. Esta diferencia en el modo de vida refuerza la idea de que la transición de un hábitat terrestre a uno acuático ocurrió después de su llegada al norte de África.
El hallazgo en Teruel no solo aporta nuevas piezas al rompecabezas de la evolución de los dinosaurios, sino que también coloca a Europa en el centro de la historia de los mayores depredadores que habitaron la Tierra.
Fuente: Palaeontologia Electronica