La formación de Mercurio ha sido uno de los mayores enigmas de la astronomía. El planeta más cercano al Sol posee un núcleo metálico enorme que representa alrededor del 70% de su masa, algo muy distinto a lo observado en otros planetas rocosos. Durante décadas, la explicación más aceptada fue que Mercurio perdió gran parte de su manto tras un impacto violento con un cuerpo celeste mucho mayor.
Un nuevo estudio publicado en la revista Nature Astronomy propone un escenario alternativo: en lugar de un choque catastrófico con un objeto desproporcionado, Mercurio pudo haberse originado tras la colisión rozante de dos protoplanetas de masa similar. Esta hipótesis no solo resulta más realista desde el punto de vista estadístico, sino que además explica mejor la composición actual del planeta.
El equipo de investigación, liderado por el astrónomo brasileño Patrick Franco, utilizó simulaciones numéricas de alta precisión para probar esta idea. Los modelos muestran que un impacto entre cuerpos semejantes puede generar un planeta con un gran núcleo metálico y un manto reducido, con una exactitud que coincide en más del 95% con las mediciones reales de Mercurio.
La técnica empleada, conocida como hidrodinámica de partículas suavizadas (SPH, por sus siglas en inglés), permite recrear cómo se comportan materiales sólidos y fluidos durante colisiones cósmicas. Gracias a este método, fue posible reproducir las características metálicas y rocosas de Mercurio, confirmando que no hacen falta escenarios extremadamente raros para explicar su origen.
Según los investigadores, la colisión habría ocurrido en una etapa avanzada del Sistema Solar primitivo, cuando varios embriones planetarios competían por el espacio cercano al Sol. En esa época, las interacciones gravitatorias, los choques y las fusiones entre protoplanetas eran frecuentes, configurando los mundos que hoy conocemos.
Una de las claves del estudio es que parte del material arrancado del manto de Mercurio pudo haber sido expulsado definitivamente al espacio. Esto resuelve un problema de modelos anteriores, donde se asumía que los escombros volvían al planeta y por lo tanto no se explicaba la desproporción entre núcleo y corteza. En esta nueva visión, los restos podrían incluso haber sido incorporados por otros planetas cercanos, como Venus.
Los científicos señalan que Mercurio habría tenido originalmente una composición similar a la de la Tierra, Marte o Venus. Sin embargo, el impacto pudo destruir hasta un 60% de su manto, dejando al descubierto su gran núcleo metálico. Esto explicaría por qué el planeta es tan denso a pesar de su pequeño tamaño.
El modelo no solo ayuda a entender mejor la historia de Mercurio, sino que también puede aplicarse al estudio de otros planetas rocosos y de procesos de diferenciación planetaria. Comparar los resultados con datos de meteoritos y con misiones como BepiColombo, actualmente en ruta hacia Mercurio, permitirá comprobar con mayor detalle esta hipótesis.
Para Patrick Franco, este avance representa un cambio en la forma en que entendemos la formación planetaria. “Mercurio sigue siendo el planeta menos explorado del Sistema Solar, pero investigaciones como esta muestran que aún tenemos mucho que aprender de su origen y de lo que puede revelarnos sobre nuestra propia historia cósmica”.