Un equipo de astrónomos de la Universidad Northwestern logró un hallazgo que marca un antes y un después en la observación del cosmos. Por primera vez, el telescopio espacial James Webb detectó la estrella progenitora de una supernova en luz infrarroja, una hazaña que llevaba décadas siendo esquiva para los científicos.
La estrella fue observada en la galaxia espiral NGC 1637, a 40 millones de años luz de la Tierra. El descubrimiento confirma que algunas supergigantes rojas masivas no desaparecen sin dejar rastro, como se creía, sino que explotan cubiertas por densas nubes de polvo que las ocultaban a los telescopios tradicionales.
El estudio, liderado por el astrofísico Charlie Kilpatrick, fue publicado en The Astrophysical Journal Letters y representa la primera identificación directa de una estrella condenada captada por el Webb antes de su explosión.
Una estrella condenada y cubierta de polvo
La supernova, bautizada como SN2025pht, fue detectada en junio de 2025 por el Sondeo Automatizado de Supernovas de Todo el Cielo. Las imágenes combinadas del Webb y el Hubble revelaron la fuente original de la explosión, una supergigante roja envuelta en una nube de polvo más densa de lo que los astrónomos habían visto jamás.
Aunque su brillo superaba cien mil veces al del Sol, gran parte de su luz visible estaba bloqueada por el polvo, lo que hacía que la estrella pareciera mucho más tenue. El Webb, al observar en el infrarrojo, consiguió atravesar ese velo y mostrar por fin lo que había detrás.
El misterio de las supergigantes rojas
Durante años, los astrónomos se preguntaron por qué las supergigantes rojas más masivas rara vez terminaban explotando como supernovas visibles. Los modelos teóricos predecían que deberían ser las más comunes, pero las observaciones no coincidían con las expectativas.
El nuevo estudio demuestra que el problema no era la ausencia de explosiones, sino la falta de visibilidad. Las estrellas más grandes tienden a expulsar grandes cantidades de polvo antes de morir, lo que oscurece su luz y las hace prácticamente invisibles en longitudes de onda ópticas.
Un nuevo capítulo en la observación estelar
Las observaciones también revelaron que el polvo que rodeaba la estrella estaba compuesto principalmente por carbono, algo inesperado para este tipo de objetos, que suelen producir polvo rico en oxígeno. Este detalle sugiere que los últimos años de la estrella fueron más turbulentos de lo imaginado.
El hallazgo abre la puerta a una nueva etapa en la astronomía. Por primera vez, los científicos pueden rastrear el ciclo completo de una estrella masiva desde su fase final hasta su colapso, con un nivel de detalle que antes era imposible.
El equipo de Northwestern planea continuar con esta línea de investigación, buscando otros casos similares en galaxias cercanas. El próximo Telescopio Espacial Nancy Grace Roman, con una sensibilidad aún mayor, podría captar los instantes previos a futuras explosiones.